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IMPRESIONES

Malas Calles, Tiempos Violentos

Ese agudo chillido de gomas que rozan contra el asfalto despiertan los sentidos de noches salvajes y revólveres en la cintura. En un suspiro la vida se juega entre la gloria y el abismo, entre madres sufridas y las curvas seductoras de alguna femme fatale. Todo se tiñe de azul y rojo en los recovecos del hampa. Brabucones forrados en cuero negro cuidan la cuadra del bar. Alguien mira de reojo, una rubia deja caer sus sueños y un joven de sombrero irrumpe a través de los cristales. Las historias se desparraman en mil añicos sobre una mesa clandestina. Una fórmula conocida se repite bajo el polvo y las humaredas de los callejones: sexo, drogas y rock and roll. Una mujer despechada llora por los rincones, otra baila en plataformas de lentejuelas. No hay que confiar en nadie, te entregan por unos sucios dólares. Persecuciones de policías y ladrones; de mafiosos y deudores; de malos y no tan buenos muchachos. Hombres valientes y cobardes a sueldo se desafían en un duelo intenso a puño descarnado. Y el más listo apaga su cigarrillo en un whisky ajeno. Nadie tiene la verdad y todos sueñan con el éxito. La vorágine los fagocita en un instante mientras los autos vuelan por las calles esquivando su destino al ritmo de la música y los disparos.

La ley de la calle / Rumble fish
Francis Ford Coppola
Estados Unidos – 1983 – 94 min.

Por Pablo Acosta Larroca

El cielo avanza velozmente. A su paso ruinas testigo de un mundo desaparecido, o tal vez nunca acontecido. El chico de la motocicleta reina. Tras la tempestad, una memoria confusa y traicionera reconstruye de entre los escombros las paredes de la antigua ciudad. «Ya sabes lo que les pasó a los que no creyeron en Casandra. Los griegos les pillaron». Por ello ahora los salvajes se pican con heroína. Piedras húmedas, calles adoquinadas, alcantarillas humeantes, grafittis desvencijados de los viejos tiempos, aquellos de pandillas callejeras y noches violentas; leyenda nostálgica; mito urbano. Fuegos mortecinos de una vieja forma de entender al mundo. Un tiempo detenido en un reloj gigante, ahistórico, sin agujas. Sobrevivientes del desecho, de un orden desaparecido, de colores apagados, los peces gemelos, encerrados en paredes de cristal laberíntico, reptan, enloquecen y pelean. «Even the most primitive of societies have an innate respect for the insane. Sólo está en la peli equivocada. Nació en un momento inoportuno, en un lugar inoportuno». Sacrificio en manos de Aquiles de uniforme e insignia policíaca. Tras la muerte del Rey, devueltos al río, los peces buscan su destino, llegando a la Mèr (Mer / Mère). Cíclico. El cielo avanza velozmente.

Malas calles / Mean Streets
Martin Scorsese
Estados Unidos – 1973 – 112 min.

Por Anabella Speziale

Sórdido recuerdo de la infancia,
dibuja en las calles de la memoria,
un universo asfixiante de veredas angostas.
Agallas.
Bajos fondos.
Pulso interno.
Turban la mente,
religión, vértigo y sexo.
Un vaso estalla en el aire entre bikinis de lentejuelas y música Stone.
¡Camarero sirva otra ronda!
que el destino fatal acecha…
que se abrieron las apuestas
y el dinero escasea.
Las deudas se pagan con fuego,
y la vida se anestesia entre el alcohol y las peleas.
Las sirenas se ahogan con unos cuantos dólares.
Una cansoneta italiana hace resonar ese último disparo,
allí, todos los días aparentan estar de fiesta.

Tiempos Violentos / Pulp Fiction
Quentin Tarantino
Estados Unidos – 1994 – 154 min.

Por Sabrina Lugo

Tarantino tiriteante, estira su pequeño brazo, niño mutante y roZa:
Púrpura
Ubicación
Libro
Pulsión

Ficción
Inocencia
Chiste
Tiempo
Imitación
O
Negro

Taxi Driver
Martin Scorsese
Estados Unidos – 1976 – 113 min.

Por Pablo Acosta Larroca

Blanco. Vapor. Alcantarilla. Amarillo. Taxi. Asfalto. Rojo. Sangre. Noche. Letreros luminosos reflejados en el parabrisas. Unos ojos cansados, fatigados, alienados, vigilan cautelosamente a las criaturas de la noche: “putas, macarras, maleantes, mariquitas, lesbianas, drogatas, yonquis, enfermos, corruptos”. Una mirada perturbada y xenófoba reza a Dios. “Un día lloverá de verdad y limpiará toda la escoria de las calles”.

So what do you wanna hack for, Bickle? I can´t sleep nights. There’s porno theters for that. I know. I tirde that.

Los días pasan y se suceden por igual, uno tras otro.

“Lo que he necesitado toda mi vida es una meta”. Blanco. Vestido. Ángel Rubio. Inmaculada, inaccesible entre la escoria. HER. Celeste. Ojos. Dulce Iris. Inocente, sumergida entre la escoria. “Lo que he necesitado toda mi vida es una meta”.

Have you ever seen what a .44 Magnum will do to a woman’s pussy?

¡Click en el bocho! El pasajero despechado dirige al conductor hacia un viaje bicéfalo sin retorno.

You talkin’ to me? You talkin’ to me? You talkin’ to me?
Then who the hell else are you talking… you talking to me? Well I’m the only one here. Who the fuck do you think you’re talking to? Oh yeah? OK.

Asqueo. Sordidez. Desolación. Rabia. Vehemencia. Violencia. Dedos sangre disparan hacia la sien del taxista devenido en punk. ¡Pum! Gotita. ¡Pum! Gotita. El monstruo devenido en héroe. Y el reflejo devuelve la figura más preciada. Blanca. Inmaculada. Ángel Rubio. “Gracias a Dios que la lluvia limpió la basura de las aceras”.

Blanco. Vapor. Alcantarilla. Amarillo. Taxi. Asfalto. Rojo. Sangre. Noche. Letreros luminosos reflejados en el parabrisas. Unos ojos cansados, fatigados, alienados, vigilan cautelosamente a las criaturas de la noche.

Promesas del Este / Eastern Promises
David Cronenberg
Reino Unido/Canada/Estados Unidos – 2007 – 100 min.

Por Leandro Rodríguez Salcedo

Un perno frío de angustia pura se abre camino, lento y preciso, entre las fibras de un aire amable. Se ve el sangrado. Murallas ásperas y suelo gris. Las calles gélidas, un mundo sórdido. Del otro lado del restaurante. Sangre en la vulva, pequeña. Pasa la muerte su lengua, sobre unos músculos rígidos; el borde en filo y el piso hiriente. Se entrecortan los segundos, tensionados y obsesivos, como nudillos raspando inflexibles contra el ladrillo. La piel desnuda dolida retuerce la dura expresión de mármol. Sangra el cuerpo veterano. Desposeídos de alma, andan con sangre en las manos.

La pandilla Grissom / The Grissom gang
Robert Aldrich
Estados Unidos – 1971 – 128 min.

Por Andrés Besada

Ellos están fuera de la ley. Autos antiguos en una película de época. Sí, y de tiros. Y muy violenta. Una casa, varias ametralladoras Thompson, de esas que tienen el cargador de balas redondito —sí, redondito como los agujeros de las balas—. Y sangre, no nos olvidemos de ese ingrediente: sangre, como si fuese ketchup, color rojo clarito. Hay una chica también —sí, la pandilla la secuestra y le dan todo lo que precisa menos el amor de su papi—. Y papi la quiere de vuelta, no le gusta esa pandilla feroz. Y las camisas blancas, especiales para esa sangre, que emana a borbotones. También hay persecuciones en auto, y por qué no esos autos de policía bien largos, blancos y negros. Y revólveres, porque en esa época no existían las automáticas… aunque hubiese sido genial esta peli con automáticas, pero para ello habrían usado mucho más ketchup. Sí, búsquenla en su local de hamburguesas más cercano, se llama The Grissom gang, es de Robert Aldrich, y por dos pesos más podés agrandar el combo.

La ley del hampa / Bajos fondos / Underworld U.S.A.
Samuel Fuller
Estados Unidos – 1961 – 99 min.

Por Pablo Acosta Larroca

Una muerte sentenciada por la ley de la calle, impuesta a golpes y palazos en el callejón de los suburbios. Un niño pasmado, testigo de la muerte de su padre. Las cuatro siluetas negras crujidas en la pared delatan el contorno de los autores. Una imagen perturbadora, recurrente, imposible de borrar, recorre veinte años de juventud entre internados e instituciones correccionales bajo la jura de una venganza que se marca a fuego en un puño cerrado, embebido en odio. Una madre sustituta protege a aquel niño devenido en hombre, entre muñecos de plástico y fotografías de infantes que delatan su falta. Una mujer amante resguarda al hombre devenido en niño, entre sábanas ilusorias y una demanda de casamiento y familia que delatan su falta. “¿Estás tomando drogas?”. No me pidas que te ame. No hay lugar para los débiles. Simplemente sangre. Ojo por ojo. Diente por diente. Muerte tras muerte, la lista se completa de rojo con aquellas siluetas negras de antaño. Un sabor triunfal recorre su cartografía facial al tiempo que dicta su propia sentencia. Inevitable final. Una herida mortal. Tambalea su cuerpo hasta el callejón de los suburbios. Una muerte sentenciada por la ley de la calle. Un puño cerrado, embebido en odio.

Invasión
Hugo Santiago
Argentina – 1969 – 121 min.

Por Diego Cirulo

Se huele aire de botas, carajo.
Se siente el hedor debajo de las suelas que rechinan en el silencio.
Comeremos de su inteligencia para volvernos en su contra, seremos su perdición.

Se escucha a lo lejos, junto al alba, el repiquetear de sus motores.
Están olfateándonos; son sabuesos de la ciencia y el llanto.
Nos quieren mordiendo el asfalto; el nuestro, el importado.

Las esquinas resoplan muerte,
no las queremos así; imperiales y subordinadas.
Las ochavas envuelven dagas,
les daremos punta filosa por nuestra recuperación.

Si ellos llegan, nosotros seremos virus.
Si poseen la cura, alguien más les respirará de cerca.
El cuerpo muere, la causa no.

Viejos, pibes, pibas, malevos, hembras, machos. Les cortaremos las ganas.
Ahí rondan los pastizales con cargas gringas.
Se siente el aire raro, compañero.
Morir no es la cosa, lo estaremos de una forma u otra.

Allá enfrente, amigo, ¿lo siente?
Nos apuntan y no vamos a bajar la cabeza.
Usted y yo somos el pasado pero muchos quieren mamar el futuro.
Tome. Cárguese de balas y cante valses de ocho compases.

Se huele el aire de botas, carajo.
No parpadeé, no se asuste.
En ese farol, al borde de la sombra, ¿lo ve?
Ahí se asoma la primera estrofa pintada en sangre.

La ciudad de los fotógrafos / The City of Photographers
Sebastián Moren
Chile – 2006 – 80 min.

Por Jorge Sebastián Noro

El disparo certero. De eso se trata. El objetivo nunca queda muerto. Se dispara poco. El tiempo es diminuto, casi ni existe, al igual que el lugar. La esencia y la existencia contenidas en la mirilla. Entre la invisibilidad y el anonimato de seres que comparten los dos lados de un mismo muro. El dispositivo metido en el medio: indagando, descubriendo, formando. El impacto es mucho más contundente, tiene en su poder la violencia absoluta. Las reacciones son instantáneas, los cuerpos y las conciencias se arrastran y raspan por las calles. Observar y hacer que se sientan observados. Intimar, invadir, asesinar. La cicatriz de la tierra que se mueve es intensa. La contundencia del momento, marcada por el asombro, es un juego perverso.

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