Mi primera película
Nacer en París
Por Lorena García
Este experimento conlleva algo de esfuerzo. Hay que regresar a los cuatro años, a un salón oscuro con muchos pisos y un ventanal enorme. Y, por entre medio de las luces hay que subir y bajar escalones, atravesar filas de butacas, resbalar con mis alegres zapatitos de charol por pasillos alfombrados. Y volver a caminar de la mano de mi papá.
En la reconstrucción hay que juntar pedacitos, rellenar huecos, negociar con una sensación de pérdida a la que prefiero escaparle, al menos en primera instancia. “Ojalá se olviden del pedido que me hicieron”, me digo. Pero el diccionario me dice que recordar es “volver a pasar por el corazón”. Entonces acepto el ejercicio. Se supone que el “trámite” traerá algún alivio si es que consigo el regreso al corazón de esos años, nuevo.
Tanto me cuesta volver que creo estamos llegando tarde a la función. Porque no hay en mi memoria un antes de la función, con esos viajes que hacíamos por Buenos Aires en un Citroën Ami 8 anaranjado, semáforos, calle, kiosco, boletería, focos encendidos, el misterio de un telón de terciopelo bordó y niños sentados expectantes.
La película ya está pasando, sí. Y nosotros dentro de ella. Apenas me distrae una lluvia de maní con chocolate que saltan al piso. Un reto silencioso se fusiona con el paisaje de fondo que me ubica en la butaca: un barrio gris de París.
Aparece el “protagonista” y mi asombro titila con más fuerza: un brillante globo travieso y rojo. Ya no hay vida anterior a eso. Podría decir que este recuerdo de mi primera película, El globo rojo, es también uno de mis primeros recuerdos de vida. ¿Un despertar en plena sala, un nacimiento a los cuatro años? ¿Qué nos pasó antes? ¿Dónde nos dormimos?
Sigo fascinada al coprotagonista, un chico que, años más tarde, supe se llamaba Pascal Lamorisse y era el hijo del director de la película, el francés Albert Lamorisse. También supe que era un corto de 1956 que duraba 34 minutos y que había ganado muchos premios, el Oscar al mejor guión original y la Palma de Oro al mejor corto en el Festival de Cannes. Con toda esa información volví a ver esa película hace unos pocos años. En otro cine, claro, en otro lugar. Volví a verla en un cine de Humahuaca (pueblo del norte de la provincia de Jujuy), sin mi papá y con chicos que seguían a ese globo por primera vez. Pero aquel globo rojo que llegó a la sala humahuaqueña por entre medio de los cerros me resultó menos travieso que éste de los cuatro años.
Ahora sí consigo volver a pasarlo por mi corazón, rojo, inquieto, intermitente. Y me despierto sonriente. El globo rojo vuelve a tomar vida en mí. Me sigue. Nos sigue. Y vuelvo a nacer en París, con un globo rojo de la mano de mi papá.
//////////////////////
El Globo Rojo (Le ballon rouge, 1956) | Albert Lamorisse

























