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Mi primera película

Hace 45 años, y por primera vez, en el reino de las sombras /// Daniel Grilli

Mi primera película
Hace 45 años, y por primera vez, en el reino de las sombras
Por Daniel Grilli

El recuerdo de mi primera experiencia en el cine es simple y breve. Pero sin embargo intensa.

Corría el año 1965, creo, y la película se llamaba Un dólar marcado. Recuerdo la sala oscura, y la figura de mi padre a mi derecha, imponente y segura (a tal punto que hoy se me hace que lo observé varias veces durante la proyección para exorcizar la oscuridad). Recuerdo los créditos iniciales, un collage de figuras contrastadas, mucho color rojo, y una guitarra, que después sabría que era eléctrica, acompañando una melodía silbada. Recuerdo el inicio de la historia: un fortín, soldados con uniformes azules brillantes de gloria, y soldados con uniformes grises sucios de polvo. Los primeros habían ganado una guerra, los otros eran los derrotados que finalmente recuperaban su libertad. Había incluso antes de esta escena un texto largo que explicaba algo que no entendí, y que intenté que la sombra a mi lado me explicara, no sé si inútilmente. Pero lo que sí entendí fue la burla que debieron soportar los derrotados cuando, siguiendo esa antigua costumbre militar del “honor de las armas”, los ganadores les devolvían sus revólveres con… los caños recortados, y por ende completamente inutilizables.

A mis cinco años, y gracias a mi ya extensa experiencia con pistolas y fusiles de juguete (que mi padre, ex combatiente de la Segunda Guerra Mundial, me había regalado), creí entender la infamia de los vencedores: su burla cuando los uniformados de gris disparaban hacia algo sin dar en el blanco, puesto que las balas se desviaban inexorablemente. Entonces… cómo no recordar finalmente la figura del héroe de gris: quien, de improviso, le pide un revólver al comandante de azul, acertando finalmente todos los disparos. “Pequeña revancha”, pensé o sentí, “pero revancha al fin”. Ahí de nuevo miré hacia mi acompañante. Quisiera creer que él también pensó lo mismo que yo, desde su cruda experiencia de prisionero derrotado de su propia guerra.

Después la historia sigue, continúa con un pequeño milagro que le da título al filme, y terminará con la típica venganza final propia del western (en este caso “spaghetti”). Cosas de la narración que sin duda olvidé con el tiempo, hasta que volví a ver la película ya adolescente (o la compré, por supuesto original, en DVD). Pero lo que me impactó para siempre fueron estas imágenes iniciales que después supe que constituyen algo que se denomina “prólogo”.

Y tal vez, en este, mi propio “prólogo” a una futura experiencia cinematográfica, las imágenes que recuerdo me ofrecieron una cierta e inicial enseñanza de lo que hoy entiendo por injusticia, en este mundo que se ha vuelto definitivamente cruel.

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Un dólar marcado (Un dollaro bucato, 1965) | Giorgio Ferroni

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