Nuestra última película
Recuerdos impregnados
Por Marcela Ciccone
Esa noche el héroe fue un aristócrata acomodado que tan sólo no aceptaba cambiar de bandera.
Ella, una mujer que sin ver posibilidades elegía el mal menor y que mucho de rebelde no tenía. Una mujer que en una sola noche fue capaz de coser siete trajes para siete niños. Y dar una lista interminable de las pequeñas cosas que le gustaban.
Esa noche las letras de las canciones que pensaba recordar eran tan sólo una cadena de sonidos sin sentido. Eso sí, recordaba cada acorde.
También recordaba las miles de veces que habíamos visto esa película, dueñas celosas del único VHS en nuestro poder que se loopeaba una y otra vez en el departamento de Tronador. Una película que no se si era tan mía como tuya. Recordaba los actos del colegio y de cómo habías actuado de la hija mas chica del capitán para fin de año, de cómo teníamos que dejar de decir nuestras líneas cada vez que pasaba el tren, generando una pausa que parecía interminable. También me acordaba de las calles, del camino al colegio y de las veces que me cuidaste cuando lloré en algún recreo. Eso me llevó a Don Andrés, tu accidente y las risas hasta altas horas de la noche.
Después nos mudamos a una casa más grande. El VHS dejó de existir y la película que tantas veces habíamos visto quedó reducida a alguna que otra escena al pasar por YouTube. Escenas que, seguramente, hayamos compartido alguna de las tantas noches en que nos poníamos a hablar cada una desde su cuarto a través de la computadora para salir corriendo al cuarto de la otra cuando algo causaba mucha gracia.
Esa noche encontramos el VHS en unos de los enormes placares de tu habitación. Volver al pasado fue tentador. Poco a poco se fueron desvaneciendo las lecturas y los análisis y el héroe volvió a ser un héroe y María una rebelde con corazón de madre que le daba un clima de hogar a aquella enorme casona que sin su presencia parecía un palacio triste. Las canciones volvieron a impregnar las paredes de nuestra casa y la memoria nos traía cada uno de los acordes. La noche se llenó de risas nuevamente.
Nada nos sorprendió, nosotras siempre habíamos entendido la presencia nazi en esa película. Nunca nos ocultaron nada: los nazis, la guerra, la dictadura, los problemas de plata o familiares, nosotras siempre supimos, nunca vivimos en una nube, nunca fuimos la familia Von Trapp, aunque ésta ahora parecía llena de problemas y la más disfuncional. Eso sí; esa noche la escena que había sido la más aburrida desde siempre cobró un nuevo significado. Esa escena que tantas veces habíamos adelantado se congeló en el tiempo y pareció completamente nueva para nosotras. “Climb every mountain” llenó de silencio el ambiente.
Al día siguiente cargamos las cosas en el auto y te ayudé a que te mudaras.
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La novicia rebelde (The Sound of Music, 1965) | Robert Wise

























