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Nuestra última película

Nostalgia /// Daniela Goggi

Nuestra última película
Nostalgia
Por Daniela Goggi

Mis últimas películas son las primeras.

Desde hace unos meses, me propuse volver a ver algunas de “las películas” que había visto cuando era joven. Incluso cuando era adolescente. La inquietud de volver a verlas tuvo un primer disparador, hoy resulta fácil conseguir “esas películas”. Me acuerdo de la odisea de quedar en una lista de espera en la videoteca de “Liberarte” para poder ver Apuntes para una Orestíada africana de Pasolini o El pasajero de Antonioni. La lista de espera para dar con el VHS la generaba si alguno de estos films entraba en un trabajo práctico de una materia o si formaban parte de la filmografía para un final.

El segundo motivo de hacer una retrospectiva, de esas primeras películas que me impactaron, es que estoy… envejeciendo y quería ver qué era lo había “visto”, qué había aprendido con el cine. Porque sé —ahora— que me formó, que me dio una educación sentimental e histórica que en ese momento no podía ni imaginar. Sé que cuando era estudiante, muchas de esas películas las había pasado, no las había vis-to. Me acuerdo una vez que un compañero me preguntó si había visto Solaris. Le contesté: “¿Es la del tipo con campera de cuero y pantalones chupines que está en una nave?” Mi compañero me dijo: “¡Sí, esa!” Los dos nos quedamos satisfechos, ya podíamos decir que conocíamos a Tarkovsky. Así, creo, que interpreté muchas películas de esa etapa iniciática. Las vi porque había que verlas y se trataba de ver todo, todo el tiempo. Cada vez que alguien —profesor/a, amigo/a, primo/a, tío/a, etcétera— citaba una película, la anotaba en la última página del cuaderno que estuviera usando. La lista tenía el siguiente encabezado: “Películas que hay que ver sí o sí”.

¿Qué se puede ver a los 18 años en Solaris? No es un prejuicio hacia los más jóvenes, pero hay algo incompleto en esos primeros encuentros con EL CINE. Incompleto por la poca experiencia de vida y de cine, creo.

No puedo determinar qué tipo de fenómeno se produce, pero hace unos meses volví a ver Solaris, después de quince años, y me di cuenta que no había entendido nada en relación a lo que ahora veía en la película. Intenté analizar el fenómeno pensando si el visionado, el modo y la forma en la que uno veía estas películas operaba en contra. Comencé pensando que mi generación no fue, exclusivamente, una generación de Cine Club sino que también, y sobretodo, se formó con los Video Clubs y con los VHS (1). Me detengo en este punto, esos cassettes tenían una imagen borrosa, que vibraba, la reproducción continua les generaba grano, mejor dicho, ruido y por lo general uno lo veía en una pantalla que no superaba las 29 pulgadas, en el mejor de los casos.

En mi casa familiar, el visionado de estas películas se volvía engorroso. Había sólo un televisor en el living y convencer a mi familia de que dejaran de ver la tele para ver El acorazado Potemkin mientras comíamos milanesas con ensalada era una tarea épica que intenté dos veces y luego desestimé. Les propuse un acuerdo, el televisor me lo tenían que dejar a contra turno. Mi familia definió que los horarios del contra turno serían: cuando se fueran a dormir o cuando no estuvieran. Esta franja horaria que parece amplia era un poquito restringida para combinarla con una vida. Esto hizo que esas películas las viera, casi siempre, entre la 1 y las 5 de la mañana. Incluso cuando estaba muy entusiasmada con ver algo y el televisor estaba libre, pero había visitas, conectaba auriculares al televisor y veía; aunque también escuchaba en simultáneo chismes familiares y/o confesiones a media voz.

Síntesis: no sólo no veía el cine en una pantalla, en la escala que el director había proyectado esos planos, sino que ni siquiera lo veía en una sala oscura, compartiendo el silencio y la atención con otros. Poca mística y mucha voluntad.

Vi cine por televisión, antes de saber qué ver y a qué Videos Clubes ir. Así empezó todo. Enero de 1986, hay que apretar la economía familiar: no nos vamos de vacaciones. A cambio somos los pioneros en el barrio y ponemos el cable. Mi vida cambia, de 5 canales a 50 y veinticuatro horas de programación. Soy la más chica de la familia, mis viejos vienen con el caballo cansado y ejercitan menos el control y la rutina conmigo. Empiezan mis trasnochadas. Ventilador en el living apuntando contra el sofá, luces apagadas, Coca-Cola y Sugus. Zapping: Carnaval de Río en REDE MANCHETE AU VIVO, Verónica Castro en TELEVISA, aprendo italiano con la RAI. Descubro: Mi Tío de Tati, Desayuno en Tiffany`s de Blake Edwards, con Audrey Hepburn, Descalzos en el Parque, La ventana indiscreta y algo raro, muy raro: ¿Quién le teme a Virginia Woolf?

Después vienen los fines de semana en la casa de mis tíos abuelos. Ya le había tomado el gusto, entonces empiezo a compartir con ellos a Salvador Samaritano y Función Privada —Rómulo Berruti y Carlos Morelli—. La forma local de ver cine en la tele. Incluso mejoré la lectura, gracias a las películas subtituladas. Vi Bergman, Tarkovsky, Fosse…

Estas fueron mis formas de llegar al cine, de ver el cine que ya no se proyectaba. Televisión y video, de esta forma me hice cinéfila. ¡Qué contradicción!

Me pregunto hoy qué les pasa a los jóvenes, cómo definiríamos el concepto de cinéfilo. Pueden bajarse en tres días todo Godard, dejar descargándose Cassavetes, mientras miran on-line la última de Herzog o una no estrenada de Porembau. ¿Cómo y cuándo lo ven? ¿Cómo combinan ver las películas de formación con los estrenos y con todas las temporadas de las series que miran? Tienen la posibilidad del acopio de los materiales y el ocio completamente intervenido por la industria del entretenimiento virtual. ¿Qué es para ellos el cine?

La forma de recepción ha modificado la función del cine. ¿Qué hay que hacer?

Si es 35mm o HD, no sé. La función del cine y cómo transmitir el valor de esas películas se vuelve tan difícil… “El cine como una experiencia del mundo «cuando no estamos ahí»” (Daney en Perseverancia, cita a Paulhan).

Fantaseo, a veces, en cómo pasará esta época a la Historia. Dirán: “Los hombres en menos de treinta años pasaron de ver la simultaneidad de las imágenes vía satélite, en vivo, a estar ellos en vivo para verse a ellos mismos comunicándose con otros”.

La imagen, ya no el plano; el audiovisual, ya no el cine; están mutando.

Estoy viendo “mis primeras películas vistas” para poder entender qué hacer con las imágenes del presente.

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Solaris (Solyaris, 1972) | Andrei Tarkovsky

(1) VHS, siglas de Video Home System (frecuentemente llamado, de forma incorrecta, Vertical Helical Scan), es un sistema de grabación y reproducción analógica de audio y video. Fue desarrollado en la década de 1970 por JVC y lanzado al mercado en 1973 por la propia JVC y su empresa matriz, Matsushita (Panasonic), junto con un grupo amplio de licenciatarias. Consiguió popularizarse y convertirse en estándar. Además, hicieron alianzas con las distribuidoras cinematográficas (sobre todo la exclusividad sobre las películas pornográficas). Esta definición pertenece a Wikipedia. Me parece preciso para los jóvenes que imaginen ese mundo donde un formato podía mantenerse estable a lo largo de quince años.

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