Mi primera película
5 de septiembre de 1993
Por Marcos Kito Della Vecchia
5 de septiembre de 1993. Es fácil saber la fecha exacta, por lo menos para mí. De hecho, es un día bastante difícil de olvidar para muchos argentinos. Pero sí, fue exactamente el 5 de septiembre de 1993. Ese día lo vi por primera vez.
No es que no lo hubiera visto nunca antes, al contrario, lo había visto en la calle, en la casa de amigos, en la tele, en los micros de larga distancia y más recientemente en los entonces novedosos shoppings. Yo sé que es confuso. Si esta fuera mi declaración en un juicio sería acusado de falso testimonio, pero no miento. Yo lo había visto, pero nunca lo había mirado. Y ese día lo descubrí en la casa de una amiga de la adolescencia.
Con el tiempo me fui dando cuenta qué era lo que había detrás de esa pantalla, fui desentrañando los mecanismos que le dan vida, la famosa magia. Paradójicamente el hecho de saber el truco no me quitó la capacidad de asombro frente a los resultados, al contrario, disfruto tanto del truco como de la habilidad para hacerlo. Es que de algún modo un mago es un cuentista, se encarga de plantear, dosificar la información, ocultar y llegar a un desenlace, siempre frente a nuestros ojos. ¿Y dónde está lo importante? ¿En el resultado? ¿En el devenir de la ilusión? Creo que en todo. Un buen chiste en boca de alguien sin carisma deja de ser tal.
Pero volviendo a aquel día de iluminación (qué mejor palabra que ésta para expresarlo), no puedo olvidar esa sensación de abrir una puerta a los cinco sentidos, porque ese truco los tenía y atrapó los míos. ¡Los cinco!
Y es a esta altura cuando uno, evocando el realismo mágico, empieza a atar cabos arbitrariamente y se atreve a pensar que tal vez el número 5 tiene algo especial… Pero me rehúso. Lo mío es lo racional (o al menos eso creo). Sin embargo, no puedo pasar por alto las circunstancias que me dejaron frente a frente.
Como dije, nos juntamos un grupo de amigos en la casa de una de ellos. La excusa era compartir una programación televisiva de esas que paralizan al país. Como buenos adolescentes, para nosotros la reunión era tan o más importante que su propósito, y esa tarde no fue la excepción. Juntarnos chicos y chicas, apretaditos en un living y con mucha hormona dando vuelta, hacía que el acontecimiento televisivo pasase realmente a segundo plano. A pesar de las circunstancias, la transmisión se encargó de borrar de nuestras caras cualquier esbozo de alegría. Había que tomar rápidamente otra cosa para quitar de nuestro paladar el sabor amargo de esa tarde ya vuelta noche. Y eso es precisamente lo que hicimos. Pedimos unas pizzas y nos acurrucamos nuevamente en el living. Los que no entramos en el sillón nos tiramos en el piso o sobre almohadones. Apagamos la luz y ahí fue. Empecé a viajar por un universo de sensaciones y me quedé solo. No literalmente, pero casi. A mi alrededor la oscuridad arrullaba a mis amigos mientras dormían.
Entonces lo vi. Ya dije que había visto cine antes, pero esta vez vi al cine. Traspasé la pantalla o, mejor dicho, la pantalla me traspasó. Lo que entraba en mi cerebro como luz estimulaba mis cinco sentidos, se transformaba en algo palpable, susceptible de ser olido, degustado. Estuve en trance durante las dos horas que duró ese truco.
Hubiera querido tener a alguien con quien compartir esa experiencia, alguien que fuera testigo del día en que lo descubrí. Pero bueno, todos dormían y, salvo la dueña de casa, no me acuerdo ni estoy seguro de quien me acompañaba esa noche. Quizás también me quedé dormido como mis amigos y este no sea más que el recuerdo de un vívido sueño. Pero no, no puede ser, olvido que soy racional y nunca, nunca podría olvidarme que el 5 de septiembre de 1993, luego de la estrepitosa caída de la selección de fútbol argentina contra la de Colombia por 0 a 5 en el Monumental, con motivo de las eliminatorias del Mundial ’94. A los diecisiete años, descubrí el cine en la casa de Julieta junto a mis amigos: El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante.
//////////////////////
El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover, 1989) | Peter Greenaway