Unidos a la memoria atávica, desde tiempos antiquísimos, los elementos dan cuenta de los patrones de la naturaleza. Desde los tiempos presocráticos, los cuatro elementos clásicos griegos, tierra, agua, fuego y aire, representan en la filosofía, ciencia y medicina la comprensión del cosmos donde todo lo existente convive, persistiendo a través de la Edad Media y el Renacimiento hasta nuestros días. Cuatro elementos que organizan al universo y le devuelven la imagen ontológica de su naturaleza. Un quinto elemento, que no es el éter ni la quintaesencia, pero que podría pensarse como correa de significación devenida de estos cuatro elementos: el cine.
AGUA
La ciénaga
Lucrecia Martel
Argentina – 2001 – 103 min.
Por Pablo Acosta Larroca y Federico Godfrid
Estatismo. Inactividad. Estancamiento. Una reposera desvirga el camino hacia una pileta moribunda. Agua putrefacta. Heridas abiertas. Una reunión desganada. Enmarcada en el monte, La Mandrágora, mundo universal y diminuto, vernáculo y profundo, donde los cuerpos sumergidos en el lodo luchan desesperadamente por emerger hacia una superficie con destino incierto. Humedad. Transpiración. Asfixia.
En un cielo de Sol ausente las nubes presagian la tormenta que todavía no se desata, pero que permanece allí, latente. Una tensa tranquilidad ladra únicamente por el momento… Una vaca y todos condenados a caer en el mismo pantano.
Adultos. Bolivia son útiles de una esperanza que muere de inmediato, al saltar la tranquera de la finca. Los pies amarrados como raíces a la tierra. Y entonces el tiempo no pasa, se repite, discurre, dejando caer, como la lluvia, el aplomo de todo su peso. Cuerpos inundados de vacío, derruidos, apócrifos, larvarios.
Jóvenes. Piscina son mallas promiscuas de una sexualidad ingenua que no llega a concretarse. Distanciados carnalmente, los cuerpos gozan del contacto del amontonamiento, de la siesta compartida, de la ducha vedada por la cortina.
Una medianera, una escalera, una tragedia. Se desata la tormenta que muerde con sus filosas gotas. Un grito de desesperación agobiado por la frondosa naturaleza que gana y arremete ante la singularidad humana. Heridas abiertas. Agua putrefacta. Una reposera desvirga el camino hacia una pileta moribunda. Estatismo. Inactividad. Estancamiento.
Juventud divino tesoro / Sommarlek / Summer Interlude
Ingmar Bergman
Suecia – 1950 – 96 min.
Por Natalia Taccetta
El lago de los cisnes y María; la bailarina de veinticinco años, su cuerpo de diecisiete y su rostro de mujer mayor. El diario del joven Henri desata el recuerdo que, lejos de una aventura, es un viaje al lugar más desolado. Un encuentro con el pasado y también con la devastación del presente más vacío. La imagen de un amor de juventud se viste de su principal enemigo: el tiempo. Éste, que consume cada minuto y que despierta al sentimiento mucho después de que algunas barreras puedan ser franqueadas. El tiempo y el agua, los principales motores; la paradoja del presente y de lo que ya no es, se cruzan en el instante inasible.
Después de eternos inviernos, Suecia se viste de verano pero el sol es el límite de toda pasión. Un romance con final predeterminado que no tiene tiempo ni siquiera para ir más allá de las nubes negras que anuncian la muerte. Dos jóvenes y, entre ellos, un paraíso de oposiciones: lugares habitados y zonas salvajes; tardes de lluvia y mañanas de calor, dos voluntades solitarias que se encuentran sólo ocasionalmente y la nada. Un lugar donde el cielo y el agua transparente forman un todo y donde los privilegiados aseguran “Yo no moriré nunca” y los temerosos no se animan siquiera a afirmar lo contrario. Amar no es sencillo cuando el miedo y los celos opacan toda sonrisa y cuando la preocupación por el futuro, la necesidad de ciertas certezas logran ensuciar cada dicha presente hasta convertirla en piedras enquistadas trece años a las que nada logrará remover.
La lección de piano / The piano
Jane Campion
Australia/Nueva Zelandia/Francia – 1993 – 121 min.
Por Leandro Rodríguez Salcedo
Siendo inmadura acarrea también la transparencia inmanente a la infancia: quiere y no quiere absolutamente, hasta que no sepa. Hasta que quiera distinto.
Atrapada aún en la semilla Madre-Hija, su identidad fluye entre la femineidad y la niñez, manifestándose como una criatura bicéfala.
Evitando tercamente las palabras, su pequeña embajadora es la única voz, mientras ella se disuelve entre la música y se transforma en música sucediendo al compás de la marea. El piano la desliza hacia el momento adolescente, e inconsciente, ella bautiza a un homo sapiens, para luego sucumbir al primitivo y sincero amor del hombre. Tecla a tecla, entre la humedad de la selva. Entre el barro y la vegetación frondosa. Sonido por sonido, hasta el silencio, se teje la traición inocente. El bosque interpone un velo entre los peligros y ellos. Los testigos son silenciosos y las almas resecas por los años o el trabajo se encuentran ajenas a la germinación de la joven, hasta que es demasiado tarde y su caudal adquiere destino. Entonces se conmueven sentimientos. La ira comenzaría a burbujear pero se refrena porque el alma seca quisiera comprender. Pero no puede. Y la ira se decide a burbujear y a desatarse devastadora, hasta agotarse y renunciar.
Desterradas al otro lado del mar, las cicatrices aportan sus sonidos a la partitura, evocando el dolor de crecer buscando un camino propio, en el siglo diecinueve, siendo mujer.
TIERRA
Paris, Texas
Wim Wenders
Alemania Occidental/Francia/Reino Unido – 1984 – 145 min.
Por Pablo Acosta Larroca
La condición humana: un desierto inmenso, un peregrinaje sin fin y sin sentido. En medio de la nada, un horizonte endurecido de cielo y arena se quiebra por el rojo de una gorra de un lejano y diminuto errabundo, abriéndose paso en la inmensidad que propone un encuentro cuya distancia proclama lo remoto de ambos mundos. Pero una fotografía en el bolsillo atestigua a favor de Paris, Texas, donde la parcela fue comprada hace cuatro años. ¿Será posible una reconciliación entre dos tierras de almas devastadas en el pasado? Atravesado por la civilización, el hombre recobra la palabra y su nombre, Travis, regresando a la cultura para reconstruir su exilio. El sol y la arena cálida, el mar y un viento que despeina, el bebé dorado como su joven madre, quien dispone sus carnosos labios para un beso al hombre maduro. “Estaban enamorados”. Recuerdos en Super-8. “El único lugar donde la memoria es esclava”. El hombre cierra los ojos. ¿Cuán lejos se siente de aquel presente? Un ayer compartido se vuelve un presente doloroso, heridas que no han cerrado. Pero un amor que excede cualquier frontera lo sana todo. En el nombre del hijo un padre asume su destino y emprende junto con él un nuevo viaje tras el auto rojo. Contra los propios fantasmas, unidos por el cable de un teléfono, la frontera ineludible entre ambos se vuelve reflejo compartido que les devuelve la última oportunidad de amar… un amor más allá del amor. Hunter y Jane. El sueño de unión total, “en la calma tierna de tus brazos”. Travis toma una vez más la carretera y llora mientras conduce.
Antes de la lluvia / Before the Rain
Milčho Mančhevski
Macedonia/Inglaterra/Albania – 1994 – 113 min.
Por Leandro Rodríguez Salcedo
Entre otras cosas, 40000 ojos fueron arrancados por orden de un muchacho llamado Alejandro. Y una tortuga será baleada por un grupo de niños. Y algunos vecinos y parientes se asesinan entre sí. Y Adán y Eva han sido expulsados por amarse, en Macedonia.
La sangre actual empaña a la sangre milenaria. El presente delata el origen de la gloria de los ejércitos de otros tiempos. Las harapientas tribus del hoy vuelven a soñar con el gran reino de mañana. El ciclo se repite casi idéntico. Casi, porque hoy el héroe está arrepentido. La fatiga del veterano golpeó en sus huesos, pero también en su espíritu. El guerrero decidió modificar el significado de la palabra gloria y de la palabra guerrero. El recuerdo de imágenes sagradas hizo que el peregrino rechace la conquista de imágenes paganas. Como hombre entero, le rinde honores a su pasado reciente, pero se despide. Se arranca los trofeos y se despide para siempre. Y aunque sepa que su paraíso se disputa el terreno con el infierno, acude al querido y peligroso llamado de la estremecida tierra que le dio vida.
Y entonces el exiliado volvió a su tierra a aplicar su nueva ley, que también conlleva muerte. Porque quizás sea posible encontrar la redención en el infierno. Porque quizás sea posible que el infierno acepte lágrimas celestes. Y quizás, en ese instante, su tierra querrá ser paraíso nuevamente, quebrando la redondez del círculo.
Gerry
Gus Van Sant
Estados Unidos – 2002 – 105 min.
Por Pablo Acosta Larroca
Un automóvil levanta polvareda en una ruta de horizonte desdibujado. Un viaje incoherente con destino incierto arriba a un mundo despoblado, deshumanizado, inanimado. Solo la naturaleza y dos muchachos; ambos llamados Gerry. Calor intenso. Terreno árido. Sequedad en la boca. La interminable arena y las rocas desesperan.
Dos almas abatidas ante la fluidificación profana del tiempo y el espacio, vagan desatinadamente por el desierto en búsqueda de la vereda cultural que, sin saber bien cómo y cuándo, perdieron en el camino. Ya no hay diferencia entre ayer y mañana, entre el médano y el médano próximo. La tierra, que no entiende de formas, los absorbe, conduciéndolos hacia los mismos límites del caos. La nada. El terreno sobre el que se avanza penosamente se vuelve pesado, como quien hunde sus piernas en la duna, bajo una lluvia deshidratada de polvo. Geografía inhospitalaria, laberíntica. Desamparados a su merced la existencia se hace tan lacónica como intensa. Mínimas expresiones vitales. El ruido ensordecedor del silencio los envuelve… satura, exaspera, ya no hay diálogos. Solo una voz de dolor queda resonando en el páramo desolador. Triunfa thánatos. Una mirada contemplativa se humedece arrastrando la congoja del tormento terrenal. Un automóvil levanta polvareda en una ruta de horizonte desdibujado.
FUEGO
Dogville
Lars von Trier
Dinamarca/Suecia/Francia/Noruega/Holanda/Alemania/EEUU/Ingalterra – 2003 – 178 min.
Por Juan Sasiaín y Dolores Curia
Un perro que no vemos pero oímos, bautiza con su nombre al pueblo. Los habitantes de Dogville tienen los rostros oxidados, desgarrados por tanta aridez. La Ética los reúne a diario en el altar. El hijo del pastor lleva las riendas. El fuego que quema por dentro los empuja hacia el pecado, pero ellos resisten. Resisten. La apariencia, la moral. ¿Quién puede definir qué es moral y qué no en un pueblito atrapado en el tiempo? ¿Y afuera? Sobre un plano técnico, muerto y de escritorio, quince ausentes se niegan a perecer. ¿Cómo vivir sin sofocarse en un sitio tan pequeño y desdibujado? La campana resuena y el sonido atraviesa las paredes sin cuerpo. Una bella e inocente apariencia esconde la caldera de inhumanas pasiones.
Dogville encuentra a su esclava, ¿o será al revés? Un perro encadenado arrastra su condena por la calle del olmo ausente. Los perros actúan por instinto, ¿por qué no perdonarlos? Pero ella es un perro sin dueño, y si lo tiene es mucho más temido que el primero.
Tom es filoso. La Femme Fatale irrumpe en su vida sólo para estremecer sus ideas. Un sudor helado flagela su cuerpo cada noche, pero sus ladridos no llegan a herirla. Ojos sin rumbo. Oídos muertos. La batalla es roja y sin tregua. Un puñado de pulsiones insatisfechas hacen volar al gueto en mil pedazos. Un hombre que no distingue entre el amor carnal y el puro, se pierde en el mar de sus ideas. Una estatuilla muerta, un hijo muerto, no hay que llorar. ¿Cómo esconder tantas manzanas podridas en un pueblo tan pequeño? ¿Cuántos ciegos hay en Dogville además del que no encuentra otra alegría que la de apretujar la carne joven? Y el cuerpo que intuye antes que la razón: “ya nadie dormirá en esta cama”. La luz de la luna baña los rostros de los animales por última vez. El mundo estará mejor sin este pueblo que se consume en llamas. Las líneas del plano desaparecen y sólo quedan los ladridos de un pueblo rabioso.
Sol Ardiente / Utomlyonnye solntsem (Утомлённые солнцем) / Burnt by the Sun
Nikita Mikhalkov
Rusia/Francia – 1994 – 152 min.
Por Anabella Speziale
Ese sol del norte, que quema raudo, que detiene el tiempo, que hace brillar los contornos de los cuerpos en aquel verano polvoriento. Ese sol del norte, que incinera recuerdos, y perturba la mirada, mientras en el aire se baila, violines y porcelanas de desvalijadas añoranzas. Lamentan zares pasados y celebran pioneras camaradas. Una niña da vueltas y canta las glorias de su padre en la batalla. Pero su madre, fresca paloma blanca, no puede elevarse y teme ser devorada por las llamas que ya le dejaron cicatrices en su piel. Ese sol de días eternos que encienden los celos, las envidias, los deseos, que consumen por dentro. Y todos la quieren, y la abrasan en esa fogata campestre, su viejo esposo camarada, y su joven antiguo amante. Mientras una niña ríe inocente y baila los giros de un disco de pasta. Con tanto calor quemado por el sol flotan a la deriva de una nueva nación, como en un mar de rojo carmesí. Coleccionan retratos de ancestros linajes, no se acostumbran a los nuevos festejos, los gases simulacros, los globos revolucionarios en el cielo. Ese sol del norte que reseca la boca y hace más evidente que un sabor de la vida ha desaparecido para siempre. La paloma se mira al espejo, donde hasta el tigre le teme a la virgen furiosa. Y el sol del norte le oyó decir que ya no quedaba amor. Una bola de fuego furiosa invadió la tarde lánguida. Estalla un volcán delator y su lava desangra las pasiones, los juegos y los cuentos de hadas princesitas. El fuego ahora es cenizas, y el sol se oculta arrepentido en la noche de los tiempos que vendrán.
Fargo
Joel Coen y Ethan Coen
Inglaterra/EEUU – 1996 – 98 min.
Por Juan Sasiaín
Todo es nieve, frío y pureza, entre la suave blancura emergen los faros amarillos de un auto furioso. Carga en sus espaldas el arma impotente y fatal para el secuestro. Un rojo canela que lucha hasta el fin. Una campera cálida y acolchonada, para proteger a la víctima de su propia ambición. Él, vendedor de autos, corazón de hielo y sueños egoístas, capaz de vender el propio pellejo… de su mujer.
Mujer que pasó a ser una simple foto, olvidada en su escritorio. Cuerpo de mujer hecho objeto, que bien vale un millón, de la fortuna de papá. Y esa mordida en la mano del encapuchado, apenas la primer muestra de sangre, de muchas otras que vendrán.
En la inmensidad de la nieve un auto se proclama indefenso. En el interior del traje, el vendedor de buzones de intenciones podridas, marido traicionero, padre hipócrita, arde en llamas por dentro. En sus ojos claros, se hace presente la angustia; pero hay que seguir andando. El rostro inmutable y supremo del leñador ejemplar, con su hacha al hombro listo para dar pelea. Estatua originaria que todo lo ve. Un teléfono en la noche da inicio a la investigación. Su vientre lleno de vida, único testigo de tanta verdad.
¿Qué pasa cuando la nieve se tiñe de odio? La embarazada lleva el arma, y dan ganas de vomitar. Recostados en su paz, matrimonio feliz, el reflejo de las noticias baña sus rostros como llamas del hogar. Noticias que queman a dos meses de los nueve. Y te deja helado, sentir de cerca tanto fuego.
AIRE
Tocando el cielo, una odisea deslumbrante / Le peuple migrateur / Winged Migration
Jacques Perrin, Jacques Cluzaud y Michel Debats
Francia/Italia/Alemania/España/Suiza – 2001 – 98 min.
Por Federico Godfrid
Unos pequeños cuerpos deslizándose por el agua esperan el inicio del viaje. No hay valijas, hay alas… muchas alas. Y el cielo se transforma en un lugar más firme que la propia tierra, en un espacio único y a la vez cotidiano. La mirada despega, el diafragma sube, se instala el ritual… El cuerpo pierde peso, el vértigo se apodera de la mirada…
Todo se vuelve liviano, la gran orquesta incierta. El silencio del día y la noche y la misma pasión de ir… ir.
El campo es un largo manto naranja, el agua un blando colchón azul, y el cielo, marco de todo aquello que lo pinta, una pequeña brisa contenedora. Grandes espejos, reflejos de una dimensión desconocida y tiempo… tiempo.
Fiesta. Una figura elegante, esbelta, se asoma en colores negros. No hay ausentes. Picos amarillos, plumas naranjas y un saludo de bienvenida. Presente, sin prisa y con brisa.
Vuela, duerme, come, vuela. Aire y un lugar. Vuela, duerme, come y vuela. La tierra se empantana junto a la fábrica y el hombre que pudrió el barro, traga y escupe metal. Los caminos se diluyen y el equilibrio amaga con partirse.
Pero todo vuelve a nacer porque no hay muerte que trunque el viaje y los grandes lagos se convierten en el escenario de la coreografía más bella: la danza del aire. Tocando el silencio, contemplando el tiempo en multitudes, abriendo las alas, testigos de un negativo, parados en el aire, pinturas de un instante, eternos emigrantes… propios de un lugar.
Elefante / Elephant
Gus Van Sant
Estados Unidos – 2003 – 81 min.
Por María de los Ángeles «Chiqui» González
Aire. Una mirada liviana e intensa que no pesa. Interroga desde el lugar donde circula. No es la evanescencia del sentido sino la condena atroz de lo sutil.
La brisa, testigo omnisciente, sobrevuela al ras de la tierra, cerca de las jóvenes almas atormentadas por el abandono, el desinterés, la incomunicación, la intolerancia, la reprimenda injustificada… Y en su peregrinaje envolvente busca el origen mismo de la tragedia: la escuela y la familia.
Todo se desliza en filigrana, tiempos de nada, nadas para matar, nadas para morir: la obscenidad del asesinato de los jóvenes.
Otra vez cielos, nubes que pasan, tormentas que no llegan ni siquiera para anunciar la masacre. Todo es aire limpio y el tiempo se estira observado por los cuatro costados en encuentros casuales, un juego que se convierte en el juego del cazador. Un juego en el cuál, lo único pesado son las armas.
Las alas del deseo / Der himmel úber Berlin / Wings of Desire
Wim Wenders
Alemania Occidental/Francia – 1987 – 127 min.
Por Leandro Rodríguez Salcedo
El amor es invisible. El pensamiento, los anhelos, el dolor, la nostalgia. El deseo es invisible. Sólo vemos sus efectos.
Ella quiere saltar, ella quiere volar, ella quiere ser leve y entregarse a los vaivenes de la atmósfera. Querría ella deshacerse de la carne… y vivir ingrávida, como polen susurrante deslizándose en el viento. Él no.
Él quiere saltar, él quiere caminar, él quiere sentir la gravedad y entregarse a los vaivenes de la vida cotidiana. Podría él adquirir un organismo… y aproximarse a quién sin saberlo busca aproximarse a él. Él la quiere como está.
Será el sueño primitivo de un aristócrata agotado de sí mismo. Será Su Majestad reprimida. Será el aburrimiento de ser un testigo invisible anhelando la compleja simplicidad de vida de los hombres. Pero inevitablemente quiere ser un soplo que renueve el valor de lo inmediato. Y está dispuesto a ser otro ángel caído, un ser humano.
Los colores, los olores, el sabor, los sonidos, las texturas; maravillas accidentales del mundo en el que ella sueña con ser parte de otro mundo, aunque para él, el mensajero, ella en medio de estas maravillas lo es todo.
Ella ve no ve un efecto, ve el deseo y el amor. Ella ve un hombre distinto.

























