Mi primera película
Cine Martín Fierro, Liniers, función Matiné
Por Laura Tusi
Cuando pienso en la primera película que vi en el cine mi memoria arma un combo indiscernible entre La guerra de las galaxias y Flash Gordon.
Lo que recuerdo con claridad es la primera película que vi en el cine sin la compañía de un adulto. Esa fue Laberinto, protagonizada por el gran David Bowie. En 1986 la televisión ofrecía una buena cantidad de programas de videoclips y, siendo muy joven, me convertí en una ávida consumidora de productos de ese género. A David Bowie lo vi en videos como Modern Love y China Girl, canciones de Let’s Dance, el primer disco de pop ‘no infantil’ que disfruté.
Ni bien supimos del estreno de Laberinto, mi amiga Carla y yo pedimos que nos lleven a ver la película. Teníamos 10 años. Nuestras madres, cansadas a esa altura de llevarnos a ver películas infantiles, decidieron que ya era hora de darnos cierta independencia y así poder tomarse ellas un tiempo de descanso también.
La cita fue en el cine Martín Fierro, en el borde entre Ciudadela y Liniers. Las adultas compraron las entradas, caramelos y gaseosas para dos, y se aseguraron de que nosotras entráramos a la sala, nos ubicáramos en las butacas, y sin peligros a la vista nos dejaron allí (se iban a tomar un café durante la función vespertina). Dentro de la sala las luces se apagaron y comenzó la función. La película era una aventura protagonizada por una chica, Jennifer Connelly, que se sumergía en un mundo de fantasía y allí se encontraba con el Rey de los Goblins, David Bowie, un personaje inquietante, seductor y peligroso.
Terminó la película, nos quedamos hasta el final de los créditos (para escuchar la música, claro). En la puerta de la sala esperaban nuestras madres, ansiosas, y nosotras salimos felices, y ansiosas también. Como la experiencia fue tan buena después repetimos con Who’s that girl? Esta vez de la mano de Madonna. Muy poco tiempo después ir al cine se convirtió en una salida con amigos sin supervisión de los mayores.
Recuerdo muy poco de Laberinto, sólo algunas imágenes y la música. Lo imborrable de ese día fue el vértigo, la aventura, estar solas sin supervisión de los adultos, en la oscuridad de la sala. Y David Bowie…
Me sigue gustando mucho David Bowie.
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Laberinto (Labyrinth, 1986) | Jim Henson