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A la salida del cine

Contrato cumplido unilateralmente /// Raúl Manrupe

A la salida del cine
Contrato cumplido unilateralmente
Por Raúl Manrupe

Hagamos un pacto.

Reconocemos que es asimétrico pero las condiciones son éstas y son inapelables.

Duración del mismo: de nuestro lado, una hora y media, dos, a veces tres, excepcionalmente más. De vuestro lado, el compromiso será variable, pudiendo ir desde nuestra hora y media o más, hasta meses, años, toda la vida.

Por el lapso establecido Tú te comprometerás a pagar una entrada (no excluyente) y sentarte en una butaca en una sala oscura (excluyente) a mirar lo que hacemos.

Nuestro compromiso será tratar de conmoverte de alguna manera mediante la emoción, la furia, la diversión, la reflexión. A veces no lo cumpliremos. En ese caso, los reclamos no variarán nuestro compromiso, ni implicarán reintegro alguno de la suma eventualmente abonada.

En el caso de sí cumplirlo no nos haremos responsables por los efectos posteriores que puedan producirse al salir de la sala oscura.

Se podrá, como José Martínez Suárez, ver Cumbres Borrascosas de William Wyler, y al salir tener que apoyarse en un árbol por el impacto recibido.

También podrá salir del cine Roxy tramando un plan para arrancar de la calle el afiche de Una mujer inquietante de Claude Miller y así tener a Isabelle Adjani en tu cuarto.

Se permitirá salir del cine General Paz o similar, sintiendo que Bruce Willis es un amigo muy cercano.

Se permitirá sentirse enamorado de una persona muerta o depende la edad, de un ser animado como la Wendy de Peter Pan.

Anexo a lo anterior: se podrá creer firmemente que un ser animado es real.

Se permitirá asimismo, sentirse enamorado de una persona de otra generación como por ejemplo, de la Jane Fonda de Cat Ballou, La tigresa del Oeste.

Se permitirá asimismo sentir pena por alguien inexistente, como el buscador de oro que matan en El tesoro de la Sierra Madre de John Huston, o El Monstruo de la Laguna Negra de Jack Arnold después de ser mirado por Marilyn Monroe en La comezón del séptimo año de Billy Wilder.

Se podrá salir llorando del Grand Splendid junto a toda la sala menos un espectador enojado con la situación, después de los besos finales de Cinema Paraíso, de Giuseppe Tornatore.

Anexo: se permitirá llorar durante toda la proyección y aún después, viendo Invasión de Hugo Santiago en la Sala AB del C.C. San Martín, como esa chica una noche de domingo.

También, se permitirá salir a la luz blanca del sol de las 5 de la tarde en silencio, como si te hubieran cortado la lengua, después de presenciar Tiempo de Revancha de Adolfo Aristarain en el cine San José de Flores.

Reiteramos que nos responsabilizamos por ese tipo de efecto ni ningún otro.

Nuestro trabajo consistirá en esa hora y media, dos o tres.

Por tu parte, reconocerás tu capacidad de asustarte con un simple ¡Chan! de la orquesta en un momento de tensión o suspenso y tu derecho eventual a olvidarnos por completo al término de la función o al momento de ordenar una determinada comida en un restaurante minutos después.

Después, tal vez nos encontremos algún día, casualmente en un shopping, un partido de fútbol, un festival o unas vacaciones. En ese caso, estará permitido que te acerques (no excluyente) y establezcamos contacto personal, mediante una palabra, una felicitación, una firma, un apretón de manos (incluso se permitirá cruzar una calle para saludar a Pepe Iglesias cuarenta años después de verlo en la sala oscura).

En esta relación asimétrica, donde nuestras lágrimas podrán tener 5 o 6 metros de alto y las tuyas menos de un centímetro, formaremos parte de tu vida si todo sale bien, influyéndote de algún u otro modo al salir del cine. Tú, formarás parte de las nuestras de una manera menos personal, pero no por ello menos vital, esencial y decisiva.

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Una mujer inquietante (Mortelle randonnée, 1983) | Claude Miller

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