Se apaga la luz y la imaginación comienza a rodar por la sala. Embriagada de su propia curiosidad, se deja llevar por las sombras. Un sabor exquisito le inunda la boca, le despierta las pasiones y le presenta el vértigo de algún abismo. El cuerpo se hace presente en su expresión más visceral. Se ahoga en el brindis en su propio deseo. Y ríe, ríe muy fuerte, ríe ante todo y todos… sintiéndose invencible. La risa es su poder más fuerte, la curación de todas sus penas. Se disfruta en exceso el bienestar de estar frente a la propia historia… Silencio… más tarde vendrán los aplausos.
24 Hour Party People
Michael Winterbottom
Reino Unido – 2002 – 115 min.
Por Andrés Besada
Los beats de una cruda batería. Aquel productor que graba esos beats. Desde una terraza. La ciudad no duerme. La banda no descansa, no reniega, no transa. Suenan los acordes, suena Manchester, suena la ciudad. Aquella banda sin mucha felicidad. La soga al cuello. Fin de una era. Ahora, el nuevo orden, o New Order. Acordes glaciales, música fría y distante. Recuerden al amigo Ian. Fin del capítulo. Píldoras, emociones y dolores de panza, los lunes felices, los pantalones anchos y las palomas que caen del cielo. Factory, la disco o la fábrica del sonido. Vinilos, pañuelos, remeras ajustadas, cuero, látex. Simples de vinilo rotos en un sueño. El sueño de Manchester, aquellos locos años. No volverán. No volverán.
24 Hour Party People
Michael Winterbottom
Reino Unido – 2002 – 115 min.
Por Diego Cirulo
Manchester, basura y (en) TV. Retrato holgado de una máscara insoportable.
Ser… ¿Cómo se siente? ¿Es que no lo recuerdas?
Ven con nosotros, dicen que somos la parte oscura y desafinada de la historia.
¿No nos reconoces? ¿No ves el amor y las lágrimas brotando?
Somos los chicos que quieren surgir; queremos escupir en esas caras ajadas por el tiempo.
Veinticuatro horas, no hay pausas. Una línea recta hasta el final.
Vamos, amigo. No creas que somos diabólicos porque firmamos pactos con sangre.
Hay tambores chispeantes, danzas, mugre y violencia. ¡Pero somos el futuro, por favor!
No pares, no pares y brinda. ¡Aleluya por los nuevos descubrimientos!
¿En serio sigues creyendo que Dios salvará a la Reina? ¡Ja!
Súbete a este tren sin escalas. No pararemos hasta explotar.
Tenemos un hobby. Parecernos a ellos de a ratos y reírnos.
Tal vez, quien dice, algún lunes será alegre y sabrán que somos genios incomprendidos.
Tal vez, la ostentación y el vicio nos mate. ¿Quién sabe? ¿Los del rostro perdido?
¡Vamos, vamos! ¡Qué lo mejor de la noche, tu noche, está por venir!
Entre copas / Sideways
Alexander Payne
Estados Unidos – 2004 – 126 min.
Por Anabella Speziale
Parece no haber perdido el tren…
y al doblar la esquina de la vida, sólo queda
una colección de fracasos,
una selección de copas y botellas descorchadas.
Se ahoga en planes de servilletas,
se olvidan las penas en el sopor de la noche.
Pero toda gira en la rueda de los tiempos.
Un brindis desafortunado, una mentira piadosa
y un amigo que deleita el instante.
Una excursión al valle se presenta bucólica,
nuevos planes y falsas victorias.
La fidelidad se pierde en los pliegues de unas sábanas.
El amor no viene fácil,
las novelas no se escriben solas…
Todo tiene su tiempo de maceración,
para que al saborear los frutos de la cosecha adecuada
despierte en nuestros sentidos lo más profundo del ser.
Venus
Roger Michell
Reino Unido – 2006 – 95 min.
Por Manuela Ledesma
Llego al horizonte y busco un por qué. Siempre lo busqué. Inclusive tuve las respuestas, pero no me di cuenta. No por ciega, bruta o ignorante, pero sí porque he sabido abrazar mis golpes, acariciar mis heridas, besar mis lágrimas.
Tomé de la copa que me dejó seguir viviendo: el placer. Pero también tomé del vaso que equilibró mi balanza: el aprendizaje. Este vaso me enseñó que es necesario caminar hacia delante, sabiendo mirar atrás. Saber mirar atrás sin derramar una gota de desesperación, ni excederse con la medida de nostalgia; sin olvidarse de la cucharada de melancolía ni la porción de empatía y valentía. Pero para que pueda beberse hace falta revolverlo con comprensión, para que cuando tomes del vaso puedas mirar atrás, volver hacia delante y seguir caminando.
Por eso en este ocaso, en el que el Sol corre lento y rápido a la vez, levanto mi último vaso al cielo y brindo por quienes se quedan. A ellos: embriáguense, ríanse, festejen. Pero no olviden beber de su propia olla, pues cada camino lleva sus propias porciones.
¡Salud, compañeros! ¡Gocen, beban, vivan! Busquen sus porciones para encontrarnos al final del camino y brindar juntos por el sendero recorrido.
All that jazz
Bob Fosse
Estados Unidos – 1979 – 123 min.
Por Martín Figueredo
¡Aplausos! ¡Vibraciones equilibristas! ¡Las siento! ¿Acaso yo solo? Ahí es cuando, ancho, pierdo el miedo a caminar por la cuerda floja, pues soy yo quien se desdobla en tres y tensa ese débil filamento que sostiene lo que aún no noto es mi vida toda, completa. Me deslizo, vibro, avanzo por ella. Devengo en algo que, consciente, soy. Y todas las noches, monólogo insípido y repetitivo, cortina del contenido infame que sobra los pasos del ya sabido castigo. Quirúrgicos, exactos, casi como burla irónica a mí rutina de muerte en cuentagotas y pastillas diarias. Los cinco sentidos que alertan muerte. Entonces, el latido muestra uno, dos: ira y negación. Maldito yo al soltar la cuerda aún reptando encima pues tercera está la negociación. Soborno dilatado a mí mismo ahora depresión. Astutos, pillos hambrientos los que descifran el tempo de mi danza y quitan la red que vela mi soledad, sostiene el futuro y me aguarda.
Allí, última y quinta, al final, la aceptación. Pobres los cercanos que quietos me ven tambalear esperando salvar mi caída en vivo y en directo. El temblor no me hace caer, me hace vivir. No pido que me salven, sólo entiendan que lo que late es mi corazón.
Casi Famosos / Almost Famous
Cameron Crowe
Estados Unidos – 1996 – 122 min.
Por Jorge Sebastián Noro
Rápido.
El festín dura poco.
Pero intenso.
Cosas que se dicen que no se dicen,
Todo queda muy guardado.
Lo prohibido.
Los excesos descubren.
Lo perverso aparece.
Suciedad, caos, ruidos gordos.
Ver demasiado, y para colmo, desde adentro.
«La Mujer» como una divinidad que crea y destruye.
Están en el mismo mundo que vos, no te confundas.
Tenés los secretos.
¿Se puede ser real?
Nada existe.
La fórmula, un triángulo tirano.
No hay personas.
¿Dónde estoy?
Up in the air
Jason Reitman
Estados Unidos – 2009 – 108 min.
Por Pablo Apiolazza
Conocerme es volar conmigo.
El omnipresente siseo de las turbinas se repite como los paneles de vidrio en los interminables pasillos. Los clicks de las trabitas, el serpenteo de los cierres, el carraspeo de los abrojos no se detiene nunca, son al check-in lo que las chicharras al bosque. Los únicos tintineos que rompen con el excesivo silbido de fondo, que a veces más fuerte, a veces menos, nunca se detiene.
Para qué mentir, es un ruido molesto, pero entrañable. Es la señal de que todo es posible. De que en un rato «acá» es otro lado, tan lejano que cuesta recordar el anterior. Y en ese limbo previo al vuelo, todo es posible. Todo es dandismo. Y todos están predispuestos a matar el tiempo. A juntarse, a compartir. Porque ese es el refugio del que es dejado atrás. Una copa, una risa Y luego otra, y otra. Y antes de darse cuenta, uno se hizo adicto. Al silbido, a las trabitas, al check-in. A las copas, y a las risas. Tanta es la adicción, que no importa cuantas vidas deba desarmar, o arriba de cuantas cabezas tendrá uno que pararse. Es cambio chico frente a la chance de volver al cielo, a las copas, los trajes, y las millas. Pero claro, ni todas las millas del mundo pueden con la gravedad, y tarde o temprano todos, sin excepción, deben volver al suelo. Todos vuelven a caer. Algunos se dan cuenta antes que otros. Y algunos, tarde. Cuando moverse es vivir, se es prisionero de la inercia.
Y ahí, sólo ahí, el hombre alado extraña la tierra.
Viridiana
Luis Buñuel
España/México – 1961 – 90 min.
Por Leandro Rodríguez Salcedo
Sellada en el templo de su cuerpo se hace incompleto el reflejo de Viridiana. Una imagen de murallas, sin conflictos, sin entrañas.
Pero la arrastran los hilos de un mundo sórdido ajeno, tan insalubre y vacío como su antiguo convento. Un familiar retorcido y asfixiado en su veneno. Y pecados camuflados e invertidos. Así se amplía su vanidosa flama de cortesía.
Su altruista egocentrismo aporta notas carnavalescas para la fiesta, que su voracidad cristiana gesta luciendo un viejo vestido.
Bautizada en el afuera, insiste en ser una reina. Recluta unos indigentes. Ofrece beneficencia…
Soberbia falsa modestia. El zoológico de su alma nunca fue tan bien escrito.
Sé rapaz en tus excesos Viridiana. Prueba emular a Jesús; sé una perfecta cristiana. Y desborde tu rebaño, que se comporte espontáneo, que no teme a la indecencia…
Frívola humana, y última cena, en el seno dislocado por fastuoso, de tu iglesia. Ve sus garras y miserias, sus carcajadas grotescas. Ve cómo viven lo sacro, y hacen expresa tu fiesta.
Mientras te creas ungida todo error es una pena Viridiana; lleva una vida más sana, sin nadie que te agradezca, deja que crezca en tu cuerpo la verdadera humildad.
Prueba un frívolo y humano, tranquilo menaje a trois. Trascendente intrascendente humanidad.