Nuestra última película
Cuando “Nuestra última película” significó “clausura”
Por Jorge A. Grassi
Arturo Ripstein cruza la Avenida 9 de Julio. Va rumbo al ENERC, a dar su clase magistral dentro del ciclo “Diálogo con los Notables del Cine Mundial”.
Entra, se despoja del abrigo. Como tantos otros, estoy expectante de su charla y ansioso por que me despeje algunas dudas sobre la difícil relación que mantuvo con Manuel Puig al trabajar juntos.
—¿Quién escribió realmente el guion de “El lugar sin límites” de 1977? —pregunté cuando me tocó el turno.
Ripstein —Puig lo hizo, aunque no totalmente, porque no lo terminó. Escribió la primera versión de la novela de Donoso, pero en argentino, en porteño; como la película era mexicana, necesitábamos un traductor para los diálogos. Ese fue José Emilio Pacheco.
—¿Eso molestó a Manuel Puig?
Ripstein —De repente, Puig hacía cosas muy raras, escribía escenas que nada tenía que ver con la historia que yo quería filmar, tenía profundas sospechas que un heterosexual pudiera hacer una película sobre homosexuales.
—Debemos reconocer que el cine mexicano de la época los mostraba como mariquitas histéricas, enloquecidas y chistosas…
Ripstein —Puig tenía mucho temor que así fuera a ser tratado el personaje de la Manuela. No lo fue, pero por esos temores no firmó el guion.
—¿Sólo por eso?
Ripstein —En algún momento me dijo “es que no quiero filmar una película de homosexuales porque acabo de sacar una novela que se llama “El beso de la mujer araña”, y no quiero que me vayan a calificar de escritor homosexual”.
—¿Qué no vayan a calificar a Puig de escritor homosexual?
Ripstein —¡Era escritor homosexual! Fue un pretexto demencial, y no firmó el guion. Trabajé con otras personas para lograr el guion final, y una vez que la película se estrenó y le fue como le fue, entonces Puig iba a las funciones de la película diciendo “¡Yo lo hice solito!”.
—Entonces, la relación con Puig era muy conflictiva…
Ripstein —Muy difícil. Fue el escritor con el que más trabajo me costó hacer un guion justo. Por esta cosa de decir: “¡Ah, es hermoso que pongamos a este señor cagando!”, y yo digo que no se me antoja poner a este señor cagando en esta película, “y bueno, si no lo haces ya verás”…
—¡Un match de box permanente! —repliqué casi eufórico ante tan reveladora confesión.
Ripstein —Al final de cuentas, como el cine es jerárquico y el director de cine es el que decide, pues gané. La relación con Puig fue amarga, no fue satisfactorio trabajar con él, y cuando hicimos otra película, “El otro” en 1984, basado en un cuento de Silvina Ocampo, que se transformó en la última. Y así nos dejamos de ver, ya para siempre.
NOTA: El lugar sin límites, en la década de los ´80, se volvió un film de culto, paradigma de un nuevo enfoque desprejuiciado hacia la homosexualidad. La lucha contra los prejuicios fue promovida por el mismo movimiento gay surgido en los Estados Unidos, que tuvo repercusión en México, así como las ideas feministas, en los años ´60…
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El lugar sin límites (1978) | Arturo Ripstein