Dominique Abel – Lamastre, Francia.
Preciosa (2011); 2003 Polígono Sur (2003); No claudicar (2002); entre otras.
(4 de Abril de 2011 00:03) ¿Por qué filmo?
¿Por qué filmo? Buena pregunta –gigante y hay que ser breve–, nunca me la planteé, así como tampoco nunca el ser directora. Autodidacta, sólo ha sido seguir un destino interior, ya que eso sí, estoy en estrecha relación con mi fuero interno que me lleva para’lante sin más, con todo lo que conlleva; desde que nací puede con todo. Si trato de hacer un breve análisis, remontándome a mi infancia, mis ojos y oídos lo captaban todo, haciendo ya –no hubiera sido capaz de formularlo entonces, pero sí era consciente de ello y esa conciencia me aislaba– una selección a la vez enamoradiza (no me refiero sólo a humanos, sino a paisajes, a luces) y crítica (demasiada sensibilidad y receptividad muy temprano proporcionan automáticamente un sufrir en el mundo y, en mi caso, una rebeldía, especialmente frente a la mentira, no sólo la de los adultos, sino la de una manipulación de la que era increíblemente lúcida, donde las imágenes jugaban un gran papel, y yo amaba la verdad, lo auténtico)…
No sé de donde venía, pero desde los 12 años fui una ferviente amante del cine, ya sea faltando al colegio, poniéndome tacones y pintándome para poder ver las pelis prohibidas para menores de 13… El resto lo hacía la fuerza del deseo: una se improvisa actriz, inventa para transgredir las normas. Así descubrí obras maestras solita, guiada tan sólo por mi instinto: veía las fotografías en el exterior y me daban mucha información. Ocurrió con Mouchette de Robert Bresson, con Wanda de Barbara Loden, y otros muchos etcéteras. Mi imaginación, empujada quizás por circunstancias de soledad, dominaba mi vida y me hacía escribir historias con diálogos.
Muchos años después, me llegó aquella revelación seguida de un “dejar todo” y llegar a España “por el flamenco” con 20.000 ptas. en el bolsillo, sin hablar una palabra. Como con el cine, es decir, como si todo fuese predestinado, me encontré con lo mejor, lo más hondo y fuerte enseguida, y presencié momentos memorables: ahí está. Memorable: ¿cómo fijar el tiempo, cómo atraparlo y restituir aquellos momentos con máxima vida y autenticidad? ¿Qué arte está más cerca de la vida con sus múltiples y distintas capas de riqueza? Así, con el tiempo, poco a poco, se forjó en mí –sin saberlo aún– lo que finalmente resultaron ser unas necesidades imperativas de… filmar… aquellos que me parecieron como los mayores poetas vivos, personas que eran personajes, cinematográficos en todos los sentidos. El punto común –en mí al menos– eran ambas artes de la profundidad, vibrando. ¡Puro cine! ¡Pura vida!
Recuerdo que empezó todo por imágenes que, como verdaderos “ataques”, me llegaron ya de forma muy precisa de lo que quería hacer. Luego se trataba de fijarlas de momento y como podía en el papel, para tratar de hacerlas visibles a otros, para no olvidarlas. “Se instalan para siempre y no me dejan vivir”. Eso es lo que ignoraba entonces: hasta qué punto puede llegar a ser doloroso verlo todo tan evidente y nítido, y no poder hacerlo. Desde que empecé exultante de felicidad –¡por fin había encontrado la forma de expresión que era la mía, mi vocación!– no conseguí separar mi vida de mis películas, y es ahora cuando mido lo que significa vitalmente.
Filmo porque el cine es para mí, junto al flamenco, –¡no significa que sólo filme lo que tenga que ver con él!, pero si, sólo filmo bien a quiénes quiero y/o amo– el arte con mayor capacidad de verdad y de poesía, el que más puede conmovernos por su veracidad, su belleza, su profundidad.
(April 4th 2011 12:03am) Why do I make film?
Why do I make films? It’s a good question –it’s huge and I have to be brief–, I’ve never thought about it, the same way I’ve never asked myself why I am a film director. I’m a self-taught person, I’ve just followed my destiny, because I’m very connected to my inner force that takes me far away, with all its consequences; since I’ve been born, I could handle everything. If I have to make a brief analysis, when I was a child my eyes and ears could receive everything, so I’ve made a lovely (not only for people, but also for landscapes and lights) and also critical selection (too much sensibility at that age made me suffer, so I became a rebel against the lies from the adults and the manipulation promoted by the images, because the thing I loved the most was the truth).
I don’t know where it came from, but at the age of 12 I’ve already been a film lover, who used to escape from school and wore high heels and lipstick to look older and be able to see movies forbidden for children. That’s how I discovered masterpieces, guided only by my instinct: Mouchette by Robert Bresson, Wanda by Barbara Loden, and many others. Since I was a lonely child, my imagination occupied all my life and made me wrote stories with dialogues.
Many years later, I left everything and went to Spain to dance flamenco, with a few pesetas in my pocket and without knowing a word of Spanish. As it happened with cinema, like a will of the destiny, I had the best and I lived memorable moments. How could I keep those moments? As time went by, I discovered, I had the need to make films, to keep the image of those people who were really characters, artists.
The first images “attacked” me; I knew precisely what I wanted to do. Then I tried to write them, in order to show them to the others and not forget them. “They stay forever and they don’t let me live”. That was what I ignored then, how painful it could be to see it all clearly and not being able to make it. Since I happily started to make films, I couldn’t make my life apart from my films, and now I realize how vital it is for me. I’ve finally found my vocation, my best way of expressing myself!
I make films because cinema, and also flamenco (that doesn’t mean I only make films about flamenco; I film what I love), are the most truly arts, because they can move us with their beauty and deepness.