Bong Joon-Ho: Memorias de un cineasta
Por Pablo Acosta Larroca
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Entrevista con Bong Joon-Ho IG (*)
Bong Joon-Ho es un gran cineasta cuya obra cinematográfica trasciende fronteras, invitando a la reflexión social, política y cultural. A través de relatos de ficción que combinan el humor negro con una puesta en escena de refinamiento visual, el director surcoreano expone con maestría la vulnerabilidad de los marginados del sistema, cuestionando las desigualdades y contradicciones que atraviesan nuestras sociedades en la actualidad.
Desde su ópera prima Barking Dogs Never Bite (Flandersui gae, 2000) hasta títulos consagrados como Memories of Murder (Salinui chueok, 2003), The Host (Gwoemul, 2006) y Mother (Madeo, 2009), Bong ha logrado una síntesis poco común entre taquilla, popularidad y sofisticación formal. Su cine, accesible y de gran impacto narrativo, se distingue por una profunda mirada crítica que desarma las estructuras de poder y visibiliza la lucha de los desfavorecidos, sin perder nunca la capacidad de entretener.
En noviembre de 2013, el director visitó Argentina como jurado del 28º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, donde también se proyectaron las cuatro películas que se detallan arriba. En ese marco, tuve la oportunidad de verlas en pantalla grande y de entrevistarlo, adentrándome en su universo creativo para explorar su visión de mundo.
Ph Quique Mazzarino
Por estos días, al revisitar tus películas, noté una marca de estilo en tanto puesta en escena, que es la de priorizar siempre el tiempo de la acción dramática, quiero decir, que la duración de los planos está siempre al servicio del pulso emocional de los personajes, incluso en escenas de acción, donde lo habitual es el corte multiplicado, vos optás por sostener el tiempo y generar la sensación de adrenalina a través de movimientos de cámara.
Es cierto lo que decís, mis películas tienen menos cantidad de planos que lo habitual. Por ejemplo, The Host tenía unos ochocientos planos al momento de comenzar el montaje, mientras que el estándar para una película de 2 horas va entre mil y mil doscientos planos. Esto determina que cada plano sea más largo, pero con muchos movimientos de cámara, porque me encanta construir una coreografía entre la cámara y los actores. No me gusta cortar demasiado las escenas, sino que el tiempo se perciba como algo más continuo y que la cámara esté con los personajes: mi trabajo gira siempre en torno a la creación de una emoción. Eso es lo más importante para mí.
De hecho, no utilizo la cámara múltiple como en la actualidad se trabaja en Hollywood, donde en el set hay dos, tres o cuatro cámaras filmando a la vez para tener más opciones de corte durante el montaje. Yo nunca hago eso porque no creo que ese sea el trabajo de un director. El trabajo de un director consiste en hacer antes del rodaje un diseño de lo que se va a filmar, el diseño de los planos que tengo en la cabeza y que se van a rodar, como en un storyboard.

📷 @quiquemazzarino
Sofisticación formal e imágenes increíbles, muy detalladas, algo que poseen todas tus películas.
Lo primero que hago es escribir el guion, partiendo de la historia que quiero contar. Pero es verdad que desde el inicio tengo muchas imágenes en mi cabeza y algunas particularmente que me obsesionan y que quiero conseguir en mi película. Entonces dibujo el storyboard y lo hago con cierta facilidad, una destreza que adquirí con los años. De niño me encantaban los cómics y dibujaba los propios, algo que se perfeccionó con el tiempo, al punto que durante mis estudios en la facultad me ganaba la vida haciendo cómics para los diarios. Esa gimnasia de desarrollar una historia cuadro por cuadro es lo que replico a la hora de pensar las imágenes para mi película. Hago personalmente un storyboard y filmo siguiéndolo, de manera que la película es igual a la que concebí en mi mente. La creación del encuadre y la puesta en escena es para mí un proceso que nace de forma intuitiva, pero que entiendo que es algo que se da naturalmente de ese entrenamiento que adquirí a través del dibujo desde que era chiquito.
Y teniendo todo ya pensando en la cabeza, ¿cómo trabajás esto con los actores?
Con los actores el trabajo es totalmente diferente, y trato de que no se sientan limitados por el storyboard. Se trata de seres vivos y es muy importante que puedan sorprenderte, dejarlos improvisar, que se sientan libres. Siempre trato que se sientan cómodos y no les transmito una idea que todo está preconcebido. Perdón si repito lo mismo que en la charla de ayer. Creo que fue a vos a quien también te respondí sobre esto.
Sí, fui yo quien te hice una pregunta alrededor de esto…
Siempre cuento que cuando realicé el storyboard de Barking Dogs Never Bite era tan preciso que, a la hora de actuar, los actores se veían muy influenciados por las expresiones de mis dibujos y eso, en muchas ocasiones, los limitaba. Esa experiencia fue un aprendizaje y ahora, en mis storyboards, dejo el rostro en blanco para no condicionar la actuación y las expresiones de los actores.
Me gusta mucho que los actores improvisen, como Song Kang-ho que es un maestro de la improvisación, incluso sus diálogos muchas veces surgen de forma espontánea. Para ello, podemos imaginar una caña de pescar con un pez que estuvo mordiendo el anzuelo durante días. Y luego, podemos imaginar otro pez que acaba de morder el anzuelo y comienza a luchar. Song Kang-ho es como ese pez que acabamos de sacar del agua, está siempre listo para escapar y por eso sus actuaciones siempre son el resultado de algo vivo.
Hay ciertas constantes que se repiten en tus películas, como el abuso de poder y la realidad de los marginados del sistema. Si bien trabajás a partir de géneros que pueden ir del policial al suspense, del thriller psicológico al fantástico, todos tus universos están atravesados por un marcado contexto social y político que invita siempre a la reflexión, más allá de la ficción. Pienso por ejemplo en The Host, que en apariencia podría pensarse como un relato fantástico sobre un monstruo, pero que precisamente esa figura funciona en un sentido dual también, literal (es un monstruo) y metafórico (político), que, en definitiva, y como has expresado, aborda la disfuncionalidad familiar en un contexto que les da la espalda.
Cuando pienso un nuevo proyecto, una nueva película, no parto con la idea de dar un mensaje a la sociedad, pero es verdad que conforme avanza el proceso lo social y lo político comienzan a aparecer con determinación. Quizás sea por mis estudios previos de sociología en la Universidad, aunque no sepa mucho de ello (risas). Pero es verdad que The Host, Memories of Murder o incluso Mother tienen un fuerte componente político y que trabajan con contextos definidos a partir de personas vulnerables. Pero no es algo que me propongo previamente, sino que surge siempre como parte de un proceso de creación.
A mí me interesa crear universos de personajes con cierta locura, marginales, controvertidos, entonces, el conflicto con la sociedad o con el poder de las instituciones es algo que surge naturalmente, porque son problemas reales que atraviesan a las personas en todo el mundo, más allá que se cuenten en una película de ciencia-ficción, como Snowpiercer, que sucede en un mundo post-apocalíptico, como una nueva Era de Hielo, donde los sobrevivientes se encuentran en un tren que anda sin parar. Pero lo particular es que en la parte trasera del tren viven los pobres y en la parte delantera viven los ricos que tienen el poder. Es lógico que eso termine en un enfrentamiento, como ha pasado siempre en la historia de la humanidad, ¿no?
Y muchas veces también parto de historias o casos reales, que sucedieron en la sociedad. Por ejemplo, para Memories of Murder recordé un caso real que sucedió en los tiempos en que iba a la secundaria, el de un asesino serial en Corea del Sur que movilizó a toda la sociedad, aunque la forma de contarlo fue través del thriller psicológico. Fue un caso que estuvo muy presente en su momento, y que nunca fue resuelto, ya que el asesino nunca fue encontrado. The Host comienza en la base militar, donde arrojan una sustancia tóxica al río Han. Esta idea surge de un caso real que sucedió en Corea del Sur en los años 2000 que fue un gran escándalo. En ambos casos eran disparadores muy buenos para mí, muy inspiradores. Y pienso que, a la vez, son elementos típicos de género. Por ejemplo, en el caso de las películas de monstruos: un científico hace algo malo, o algo le sale mal en su experimento producto de una obsesión, y eso desencadena la aparición del monstruo. Entonces, se combina el caso real con el género fantástico. En mi caso, las dos cosas se van interrelacionando a medida que voy desarrollando la idea, escribiendo el guion. Como en este caso, la película de monstruo y el discurso político, que, en definitiva, también está muy presente en muchas películas de serie B de ciencia-ficción o de terror del cine norteamericano de los años 40-50’ a las que vuelvo una y otra vez, porque me encantan.
Pero volviendo al abuso de poder y personajes vulnerables que están afuera del sistema, como bien dijiste, creo que son problemáticas que no son particulares de Corea de Sur, sino de todo el mundo. Y si bien no es algo que busque de forma explícita, de comunicar mediante un mensaje explícito, son cosas que surgen cuando escribo, preguntas que surgen naturalmente. ¿Qué atención le brinda la sociedad a los marginales? ¿Qué hace el Estado para protegerlos o incluirlos? ¿Y cuándo esa confrontación se da entre pares? ¿Y cuándo ese enfrentamiento se da entre personajes marginales y vulnerables entre sí, como en Mother? ¿No es mucho más terrible aun? Creo que mis propios interrogantes aparecen naturalmente en mis películas y, lógicamente, lleva al público a reflexionar sobre ellos. Yo mismo, cuando se estrena la película, me convierto en uno más entre el público que la ve, y descubro algunas cosas sobre las que no había pensado. Eso es lo maravilloso del cine para mí, más allá que sea una fantasía, permite siempre pensar sobre el mundo actual.
📷 @quiquemazzarino
(*) Agradezco especialmente la colaboración de Jeankarla Falon Plaza («La Colo») para producir esta entrevista y a Alejandro Kim por su interpretación y traducción.