Yo te saludo, Juliette
Por Federico Godfrid
_______
Entrevista con Juliette Binoche IG
Después de más de treinta largometrajes bajo las órdenes de reconocidos directores como Krzysztof Kieslowski, Jean-Luc Godard, Michael Haneke y Abel Ferrara, entre tantos otros, Juliette Binoche ha logrado convertirse en una actriz de mundo, filmando en distintos países e idiomas. Nos acercamos a conocerla a partir de algunas preguntas puntuales acerca de la metodología de su trabajo, la experiencia con distintos directores y algunas reflexiones sobre el vínculo actriz-director.
¿Cómo y dónde comienza tu trabajo cómo actriz en cada película?
Cada filme es diferente, pero siempre llevo mi equipaje de ideas al set. Me encanta hacer una investigación sobre el personaje antes de comenzar un nuevo proyecto. Pero al mismo tiempo estoy preparada para abrirme y cambiar de dirección según las nuevas ideas que aporte el director. Creo que es un proceso de aprendizaje entre la investigación que uno realiza y la perspectiva que te ofrece el director.
¿Cómo es el vínculo director-actriz?
La relación entre el director y la actriz es el tema que me apasiona, podríamos hablar horas, inclusive deberíamos escribir un libro. En mis comienzos buscaba la figura de un padre, hasta de un amante en cada director. Hoy en día lo que busco es un compañero con quien compartir el camino. Un camino que tiene que ver con la creación, con la gestación entre dos y se llega a un momento en que no sabés quién está dirigiendo a quién. Hay que entregarse y ofrecer una apertura total a ver y a escuchar. Por eso, para mí, el mejor director es aquel que está con vos, que te acompaña, porque uno puede hablar, hablar, hablar, hablar y hablar de lo que quiere, pero es insuficiente. Las palabras son como la punta de un iceberg y lo que tenés que transmitir como actriz es todo el mundo de abajo del iceberg. Al igual que un nacimiento no se puede simplificar en el parto, eliminando la gestación.
¿Qué aportes recibís de cada director a tu trabajo?
La intuición de dirección, esa sensación que te transporta un poquito más allá. Lo mejor que te puede pasar es querer al director y que en cada toma el personaje vaya creciendo en los detalles, como me sucedía con Krzysztof Kieslowski. Es un crecimiento compartido, de a dos, pero con todos es completamente distinto. De Abel Ferrara me gusta que como director muestra sus debilidades. A veces es sumamente inteligente, a veces es un chico y a veces se lo ve perdido en el set. Me resultaba sumamente conmovedor y por ello creo que nos llevamos muy bien. Con Lasse Hallström, el director de Chocolate (2000), todo era “sí”, jamás me dijo que no, nunca. Michael Haneke en cambio es como si estuviera manejando un auto a altas velocidades: jamás suelta el volante. Y esa es su manera de dirigir y a veces te dan ganas de frenarlo como actor y decirle “¡Pará! Andate de acá que estoy actuando”. Las relaciones son todas distintas y apasionantes.
Una vez, un director, antes de hacer una escena se acercó, me abrazó fuerte y me dijo “dale, dale, dale, nena, dame todo lo que tenés”. Cuando terminó con todo ese gran abrazo pensé “mejor hubiese sido que no apareciese”, y necesité tomarme otros diez minutos para volver a concentrarme. Yo no necesitaba tanto ánimo, necesitaba silencio.
Para mí la idea de la dirección es una idea loca porque me da la sensación de que un director te invita a su mundo. Cada director tiene una forma de sentir, de ver y de vivir la realidad y te invita a ser parte de eso. Todo el equipo de una película ayuda al director a que encuentre la manera de expresar su espíritu, su visión de la realidad. No puedo definir qué es dirigir, tiene que ver con una cosa misteriosa. Es algo muy misterioso que no sé de dónde viene. Tiene que ver con el arte de estar presente y abierto. Y a la vez estar muy concentrado.
¿Cuál es la relación que establecés entre Juliette Binoche y sus personajes?
La cuestión de actuar tiene que ver con una cosa muy íntima, es algo maravilloso porque te permite ser. No te permite ser otra cosa, otra persona, te permite ser a través tuyo. Y en un instante estás rezando, riendo, llorando, articulando miles de emociones a la vez. Y a veces sentís que no vas a poder resolver la escena. Como me pasó en la película de John Boorman1Se refiere a Country of my skull (2004) de John Boorman., donde estaba convencida de que una escena no la iba a poder hacer. Y lo que me ayudó a hacer esa escena fue una piedra que llevaba en el bolsillo.
La actuación es un camino para luchar contra el miedo. Es extraño, pero algunas actrices necesitan estar en todos lados, saber cada detalle de la filmación. Yo, por mi parte, necesito estar en calma, en silencio y esa es mi manera de ser.
(1) Se refiere a Country of my skull (2004) de John Boorman.