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Aquella película contigo

Esa misma película con… /// Leandro Rodríguez Salcedo

Aquella película contigo
Esa misma película con…
Por Leandro Rodríguez Salcedo

I

Por alguna razón, de todas las películas que vimos durante el tiempo que estuvimos juntos sólo retengo en mi memoria Bram Stoker’s Dracula. Quizás porque también recuerde que, a diferencia del film, que es un compendio de pasajes memorables, yo percibía nuestra relación como una continuidad de momentos insustanciales. Como pareja la intensidad nos era ajena. En cambio, en tu ausencia, una curiosidad particular me hacía explorar ciertos márgenes exageradamente lejanos de los sitios de tu agrado. Creía intuir que la vida era más variada y más apasionante de lo que experimentábamos juntos y que, suponía, concebías como vida.

La casualidad nos había ubicado en una década que acompañaba mi ánimo juvenil con un culto a la re-creación, y, después de dedicar gran parte de mi corta vida a preocupaciones que me excedían, decidí ingresar en ese mundo. La recuperación de elementos del pasado aparentemente felices junto con otros decadentes, el juego con la tecnología y la anti-tecnología, la música, los colores primarios, el minimalismo, por un lado, y por el otro, cierta arrogancia, la contemplación de la euforia, su experimentación excedida, el sinsentido, la ética y la incorrección política alternadas a mi antojo, compañías comprometedoras, un estado mental diferente, era lo que en aquella juventud yo consideraba real. Más tarde sería la afición al cine.

Vos, en cambio, gustabas de acatar reglas heredadas y proyectabas una familia que cumpliera con todos los requisitos socialmente establecidos. Tu concepto de “tener hijos”, en ese momento, estaba lejos de mis metas y no sólo por mi juventud. Consideraba que tal como vos lo figurabas, era una repetición automática de un quehacer histórico y masivo. Al menos a tu manera, no le encontraba innovación ni misterio. Sin embargo, a pesar de mis aspiraciones, nuestra relación continuó sin dejar de inscribirse dentro de tu territorio, hasta el momento de llegar al punto crítico en el que nuestras materias irreconciliables por fin se dividieron.

Desde entonces, algunos de mis anhelos fueron saciados considerablemente. La racionalidad adquirió otro significado, la emocionalidad fue cambiando su rumbo. Siento los efectos del tiempo. Incluso a veces pienso que la irreflexión de lo masivo podría ser una realidad más auténtica que el exceso de consciencia y la exploración de la percepción. Y quizás, actualmente, también crea que mi vieja forma de concebir la vida gozaba de la grave frivolidad de las obras de arte.

III

No sé como ni cuando sucederá, ni siquiera, si sucederá. No sé si acaso la película te resulte un poco aburrida, pero me conformaría con que accedieras a verla y disfrutaras al menos un poco de lo que me gusta imaginarme. No te preocupes, no estoy pensando en ir a ver una reposición de cine mudo. Es sonora y en color, aunque no es 3D… Y… sí, tiene varios años, pero es de los films que por alguna razón envejecen muy despacio, o al menos eso me parece a mí. Quizás sea porque en medio de lo fantástico hay temas que son eternos. La considero una de las películas más lindas que vi en mi vida. Su director quería que tuviera la atmósfera de una pesadilla.

No, no es particularmente una película de terror… en todo caso es una historia de amor ubicada en un ambiente que resulta tétrico por su irrealidad… y en gran medida esto se consiguió gracias a que casi todos los efectos especiales están hechos en cámara, como se hacía en los comienzos del cine…

¿Qué?… no, no, la vi antes de conocer a tu mamá. Muchos años antes. Y… con… fui a verla con alguien… con quien vendría a ser mi primera novia… ¿Tiempo?… Bueno, estuvimos juntos algunos años, pero… No, no es que nos hayamos peleado, resulta que éramos muy distintos… Digamos que concebíamos la vida de manera diferente. Al final ella decidió buscar sus sueños y yo me dediqué a vivir como yo creía que estaba bien… ¿Cómo fue?…

Bien… me parece que vamos a tener que dejar Drácula… para otro día.

Esa otra película fue una historia larga y complicada, con todos los pormenores que tienen este tipo las historias… pero hoy por hoy le guardo cierto cariño, porque es parte del camino que me llevó hasta tu mamá, y más tarde, hasta vos.

En aquella época yo estaba en la secundaria, las mujeres no eran mi fuerte y esa chica no era tan chica porque tenía cinco años más que yo y por eso imaginé las cosas muy distintas de lo que luego resultaron ser. Se llamaba…

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Drácula de Bram Stoker (Bram Stoker’s Dracula, 1992) | Francis Ford Coppola

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