Aquella película contigo

Hermanos /// Ceci Brück

Aquella película contigo
Hermanos
Por Ceci Brück

Fue un verano de esos… De esos que no se olvidan, que se guardan para siempre, y que rápidamente pueden ser encontrados en la memoria porque tienen un brillo especial.
Un verano diferente para mi hermano y para mí. Nada de arena y sólo un poquito de mar, así a lo lejos, a un costado, mientras caminábamos rápido los dos, rumbo a algún cine marplatense.
Y en un verano de esos las mismas pictografías de siempre que nos vuelven a encontrar: las corridas, las llegadas tarde, las valijas entre las butacas, los higos acaramelados en plena función, la lucha por levantarse temprano, las risas, las miradas cómplices, y quizás también —por qué no— alguna que otra discusión…
Catálogo en mano la pulseada va subiendo de tono: drama europeo versus terror oriental. ¿Quién ganará?
Esa noche, noche que tiempo después descubriríamos como especial, ganó la contienda la película alentada por mi hermano: A tale of two sisters, terrorífica historia que según mi fantasiosa memoria trata sobre dos hermanas gemelas que anidan un importante nivel de satanidad en sus almas. Con pánico accedí a verla y sólo ante la inminente promesa de que al día siguiente veríamos la película que yo quería (una que finalmente quedó olvidada pero que, con seguridad, no incluía a ningún demonio en su relato).
Anticipando el miedo que momentos después llegaría a sentir, la proyección de A tale of two sisters me encontró arrinconada en mi butaca, rodeada de amigos pero sobre todo custodiada por mi hermano quien, desde la butaca vecina, me avisaba cuando el peligro había menguado. Así podía volver a abrir los ojos (aunque a decir verdad los mantuve cerrados con fuerza durante casi la totalidad del film).
A partir de esa noche especial —como en cada una de las siguientes noches después de una obligada recorrida por la sección “Cerca de lo Oscuro” del festival de Mar del Plata— salí a la puerta del cine a respirar aire fresco y libre de terror.
Sin embargo, aquella primera noche algo sucedió. Alguna palabra de más, alguna opinión dividida, ocasionaron que mi hermano y yo no siguiéramos el mismo rumbo al hotel. Así caminé sola atravesando la oscuridad del parque de la Avenida Luro, una oscuridad todavía mayor y más abrumadora que la de aquella sala del cine en compañía de las gemelas diabólicas, por lo que los pocos minutos que llevó aquella caminata bastaron para que sintiera otra vez el mismo terror, con la diferencia que mi hermano ya no estaba ahí para decirme cuando podía abrir los ojos.
Llegué a nuestro hotel corriendo y con mi último aliento me acerqué a la habitación. Pensando en la soledad que me esperaba abrí la puerta del cuarto en penumbras, busqué la perilla y encendí la luz encontrándome de pronto con la reconfortante sorpresa: ¡mi hermano ya estaba allí!
Esa noche no pude dormir. Miraba el enorme ropero a un costado de mi cama pensando si las gemelas estarían allí. Nunca lo supe con certeza, pero a la mañana siguiente el terror ya no era tal y al lado mío estaba mi hermano semi dormido, ya espiando el catálogo, preparándose otra vez para la tan esperada pulseada del día, sin saber que yo, muchos años después, escribiría estas líneas, contando este cuento. Un cuento de dos hermanos.
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2 hermanas (A tale of two sisters, 2003) | Kim Jee-woon

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