A la salida del cine
Huecos y espejos
Por Cecilia Brück
«Ya no pensemos más, ésta es la casa. Ya todo lo que falta será azul.»
Pablo Neruda
“Me dediqué a las puertas más baratas, a las que habían muerto y habían sido echadas de sus casas, puertas sin muro, rotas, amontonadas en demoliciones, puertas ya sin memoria, sin recuerdo de llave, y yo dije: Venid a mí, puertas perdidas: os daré casa y muro y mano que golpea, oscilaréis de nuevo abriendo el alma, custodiaréis el sueño de Matilde con vuestras alas que volaron tanto.” Dice Neruda mientras le habla a La Sebastiana. Su refugio en Valparaíso. Un refugio lleno de azul y de playa, un escondite de piedra.
Pero en ese palacio lleno de espejos habita el misterio de la creación. Y es ahí cuando el refugio deja lugar a aquello que no podemos ver, algo poderoso y demoníaco, que cohabita sigiloso los espacios, que se escribe en un tiempo diferente, bello y amenazante, la pasión y el dolor de la creación.
Pero el refugio se vuelve espejo y nos alberga dentro de él. El espacio del artista cede su lugar al espectador. Para nosotros también existe ese hueco, oscuro y todo poderoso, que transforma el mundo real en otro, en uno que solo dura un momento, pero que puede ser todo lo que alguna vez soñamos.
Y cuando la pasión es puesta en mirar, en transformar lo real por algo más, se abre un hueco de calibre perfecto, un espejo donde escondernos hasta el fin: el cine.
Podemos escondernos, podemos dejar de ser para pasar a soñar. ¿Pero qué pasa cuando ese refugio no habla de otra cosa que de eso mismo? ¿De la necesidad imperante del ser humano de sentirse a salvo? ¿Refugiado? Y es justamente ese el título de la película que habla a través de los ojos de Mati, un niño que huye con su madre.
La inocencia de Mati es nuestro refugio, nos entrega pequeñas lagunas de alivio dentro del terror. Un terror cuya amenaza está siempre fuera de campo, latente, ese personaje perverso, la figura paterna que quiere dominar a la madre y el hijo a partir de golpes, nunca se presenta en escena. Permanece oculto, agazapado y amenazante.
El peligro constante que atraviesan los personajes, se va fragmentando con pequeñas cápsulas de aire. El asilo para mujeres golpeadas, el hotel venido a menos, el albergue transitorio, y la casita en la isla, sobre todo, la casita en la isla. Y cuando ellos parecen haber encontrado su lugar en el mundo, se encienden los carteles que nos piden retirarnos. Nos dicen que nuestro refugio ya no puede albergarnos, que debemos volver a donde ya no hay ningún espejo, emprender el extraño camino de la salida del cine. Un camino que nos lleva de vuelta al mundo real, donde millones de Matis viven en peligro. Donde creemos, sabemos, que no todo, y hasta posiblemente nada, será azul.
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Refugiado (2014) | Diego Lerman

























