Hugo Santiago Muchnik – Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
El cielo del centauro (Le ciel du centaure, 2015); El lobo de la costa Oeste (Le loup de la côte Ouest, 2002); La vie de Galilée (TV, 1992); La fable des continents (TV, 1991); La geste gibelline (1988); Las veredas de Saturno (Les trottoirs de Saturne, 1986); Électre (TV, 1986); El juego del poder (Écoute voir…, 1978); Los otros (Les autres, 1974); Invasión (1969); Los taitas (Cortometraje, 1968); Los contrabandistas (Cortometraje, 1967); entre otras.
(16 de abril de 2015 10:27) ¿Por qué filmo?
Todas las “razones” al momento de reflexionar sobre este interrogante son insuficientes y, en cierta medida, malas.
Robert Bresson, mi maestro, —a quien conocí gracias a Jean Cocteau y a quien comencé a frecuentar hasta que ese acercamiento me llevó a convertirme en su asistente— siempre me decía que había que dedicarse a este oficio sólo si uno no puede evitarlo.
En mi caso, la música, el teatro, la filosofía y la literatura llegaron primero, pero terminé haciendo cine, quizás porque en esa experiencia convergieron todos mis amores. Cuando tenía 15 años abandoné la música, lo que fue una tragedia para mi familia. Estuve unos años dándole vueltas al teatro, estudié Filosofía y Letras, lo conocí a Jorge Luis Borges y me invitaron a seguir la filmación de “El secuestrador” (1958) de Leopoldo Torre Nilsson. Gracias a él tuve mi primer acercamiento a la experiencia cinematográfica. También fue la primera película en la que actuó Leonardo Favio. Cuando nos encontrábamos siempre lo recordábamos. Para mí fue muy importante esa experiencia. Su riqueza me resultó tentadora: supe que todo eso que me interesaba del mundo —la música, la poesía, la literatura— lo podía hacer solamente en el cine. Entiendo al cine como una disciplina derivada de la poesía. Y teniendo en cuenta esta vieja cita que me traes ahora:
“Para mí, el cine es un sistema de conocimiento […] en relación con mi trabajo, el objeto de conocimiento es infinito y difuso al mismo tiempo, es el vasto mundo. […] En realidad, un buen film interroga, y termina por conformar una “mirada”, visual y sonora. Una “mirada”, que no tiene un ojo físico determinado. Por otro lado, el cine es para mí un “lenguaje articulado”, inscripto en su propia materia constitutiva. La naturaleza misma del cinematógrafo se asienta en una multiplicidad de elementos de origen, heterogéneos. Y es esta diversidad heterogénea, excepcional, la que debe ser gobernada.” (1)
Desde esa perspectiva el hacer cine se me impuso como una enfermedad.
(1) MOSENSON, Marcelo: “Entrevista a Hugo Santiago. Cine y conocimiento” (páginas 11-16); El Amante Cine; Año 3 Nº26 abril de 1994; Ediciones Tatanka; Buenos Aires.
(May 7th 2025 03:20 pm) Why do I film? / Why do I make film?
All «reasons» when reflecting on this question are insufficient and, to a certain extent, flawed.
Robert Bresson, my mentor—whom I met thanks to Jean Cocteau and whom I began to frequent until that connection led me to become his assistant— would always tell me that one should dedicate oneself to this profession only if one cannot avoid it.
In my case, music, theater, philosophy, and literature came first, but I ended up making films, perhaps because all my loves converged in that experience. When I was 15, I abandoned music, which was a tragedy for my family. I spent a few years exploring theater, studied Philosophy and Literature, met Jorge Luis Borges, and was invited to follow the filming of Leopoldo Torre Nilsson «The Kidnapper» (1958). Thanks to him, I had my first exposure to the cinematic experience. It was also the first film in which Leonardo Favio acted in. When we met, we always remembered him. That experience was very important to me. Its richness was tempting: I knew that everything that interested me about the world—music, poetry, literature—could only be done in film. I understand film as a discipline derived from poetry. And keeping in mind this old quote you brought up now:
“For me, cinema is a system of knowledge […] in relation to my work, the object of knowledge is infinite and diffuse at the same time, it is the vast world. […] In reality, a good film interrogates, and ends up forming a “gaze,” visual and aural. A “gaze” that doesn’t have a specific physical eye. On the other hand, cinema is for me an “articulated language,” inscribed in its own constitutive matter. The very nature of cinematography is based on a multiplicity of heterogeneous original elements. And it is this heterogeneous, exceptional diversity that must be governed.” (2)
From that perspective, filmmaking imposed itself on me like a disease.
(2) MOSENSON, Marcelo: “Interview with Hugo Santiago. Cinema and Knowledge” (pages 11-16); El Amante Cine; Year 3 No. 26, April 1994; Tatanka Editions; Buenos Aires

























