A la salida del cine

Intoxicado /// Lucas Granero

A la salida del cine
Intoxicado
Por Lucas Granero

Nada mejor que empezar con una confesión: me dan envidia los que salen del cine y se prenden un cigarrillo. Sospecho que si fuera un fumador, esperaría con ansías ese momento en el que los títulos empiezan a correr, las luces comienzan a encenderse, todos se van parando, algunos abrigándose, otros despertando y yo, ya acostumbrado al ritual, estaría llevando mis dedos hacia el bolsillo de mi campera, agarrando la caja de cigarrillos y llevándome uno a la boca en un solo movimiento casi imperceptible, casi mecánico, que concluiría con un pequeño fuego iluminándome la cara y luego ya el placentero primer humo, arrojado a las luces de la calle.

Pero no.

Lo que sucede está más bien lejos de eso. Es más, me atrevería a preguntar lo inevitable: ¿sucede algo acaso? Repasemos: termina la película y dependiendo la circunstancia puede ser que me levante lo antes posible o bien que espere hasta que el último fotograma aparezca y desaparezca con su característica velocidad. Este es un momento claramente impactante, porque nada queda después de que el rollo fílmico se termina. Es el verdadero fin y como tal solo puede entregarnos una sola posibilidad: salir de la sala. Ya afuera, camino lo que haya que caminar hasta la parada del colectivo, que siempre suele ser la del 60. Por lo general, para esta instancia ya estoy solo, habiendo dejado a mis ocasionales compañeros espectadores en otras calles, otras esquinas. Seguramente también algo hayamos hablado de lo que vimos, con más o menos intensidad dependiendo del grado de impacto, pero yo sabiéndome conscientemente mudo, solo escuchando lo que otros dicen, porque el verdadero estado post-cine viene cuando ya estoy arriba del colectivo, en lo posible cerca de una ventanilla, y mi intimidad con la película que acabo de ver se hace más efectiva, transformando a esa ausencia de todo en una presencia total de imágenes antes vistas que ahora se mezclan con el presente activo del viaje a casa y ahí, ahí sí, ahí es cuando salgo verdaderamente del cine para entrar a otro donde la película se proyecta infinitamente en cada parpadeo. Y si cuando entré al cine había sol y ahora llueve, o si era de día y ahora es de noche, noche levemente lluviosa, miro el asfalto mojado y las luces que en él se reflejan y las escenas antes vistas reaparecen mezcladas con un nuevo contexto que no les pertenecía, pero que ahora, rememoradas, se magnifican adaptándose a todo lo que veo mientras el largo viaje a casa continúa. Las otras luces, las de los autos que se cruzan en el camino, la de los postes que iluminan la autopista, las rojas de los semáforos que impiden momentáneamente el recorrido, se perciben distintas. Lo mismo sucede con las personas que me rodean. Me detengo en sus gestos cansados, en sus pequeños tics imperceptibles, en sus ojos que se cierran y vuelven a abrirse, sorpresivamente, por culpa de esa frenada contraproducente, en sus palabras al teléfono, en eso que miran hacia afuera, en cómo se cuidan de la lluvia los minutos previos a abrir el paraguas. El mundo de afuera, visto en un barrido visual constante, alberga a personas que apenas pueden ser vistas en la intimidad de sus hogares, iluminados con tenues luces, o aquellos que están en bares, en la contemplación de otros paisajes personales, y los que esperan algo, cubriéndose de la lluvia improvisadamente. Todo se inscribe en otro registro, como si perteneciera a un orden diferente. Un efecto prolongado de suspensión en la experiencia cinematográfica.

Es que al fin y al cabo la pregunta que debo hacerme es otra: ¿hay algún final acaso? Solo las malas películas terminan. Las otras, las que verdaderamente importan y nos afectan con su impacto directo, no terminan jamás. Ahí nos dejan, sepultados eternamente en la sala, contagiando todo nuestro universo, volviéndolo suyo. No hay forma de escape posible. Se quedan y nosotros nos quedamos, también, con ellas.

Así que no, no fumo cuando salgo del cine. Pero la sensación de estar intoxicado permanece imperturbable.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tal vez también puedas leer.

Copyright © 2022 - GrupoKane

Salir de la versión móvil