¿POR QUÉ FILMO?

Juan José Jusid

Juan José Jusid – Paternal, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Historias de diván (Miniserie de TV, 2013); Intolerancia (Cortometraje, 2010); Mis días con Gloria (2010); Apasionados (2002); Papá es un ídolo (2000); Esa maldita costilla (1999); Natalia Oreiro: Que si, que si (Videoclip, 1998); Un argentino en New York (1998); Bajo bandera (1997); ¿Dónde estás amor de mi vida que no te puedo encontrar? (1992); Made in Argentina (1987); Asesinato en el senado de la nación (1984); Espérame mucho (1983); No toquen a la nena (1976); Los gauchos judíos (1975); La fidelidad (1970); Tute Cabrero (1968); entre otras.

(1 abril de 2025 20:00) ¿Por qué filmo?

Don Miguel de Unamuno sostenía que el hombre, consciente de su finitud, tenía hambre de inmortalidad. Necesidad de dejar una huella. Algo que lo sobreviva. Quizás con ese deseo está mi elección de hacer películas. Desarrollar el humilde oficio de contar historias. Generar imágenes en movimiento enmarcadas en una estructura narrativa que puedan capturar la atención racional y emocional del espectador. Ceremonia mágica que todavía en nuestros días, impulsa a la gente a integrarse a ese sueño colectivo que consiste en compartir, el visionado de una película. Reaccionando ante el viaje que le proponemos lleno de manipulaciones, desde la pantalla a veces luminosa.

Cuando se establece esa relación, cualquiera sea el film que lo provoque, lo precipita en una experiencia profunda de vitalidad, emoción, y placer incomparable. Ese deseo de identificarse o diferenciarse, pero fundamentalmente de mirarse en un espejo que le devuelva alguna parte de su mundo es el motivo personal por el que elegí hacer películas. El arte de masas de nuestro tiempo. Ingresar a una sala ya con las luces apagadas y compartir las emociones de un film que he realizado y ahora toma contacto con el público, es mi singular sentimiento que, si debiera definirlo, diría que es lo más parecido a la felicidad.

(April 1st 2025 08:00 pm) Why do I film? / Why do I make film?

Don Miguel de Unamuno maintained that humankind, aware of its finitude, hungered for immortality. The need to leave a mark. Something that would outlive it. Perhaps that desire informs my choice to make films. To develop the humble craft of storytelling. To generate moving images framed within a narrative structure that can capture the viewer’s rational and emotional attention. A magical ceremony that, even today, compels people to join in that collective dream of sharing the viewing of a film. Reacting to the journey we propose, filled with manipulations, from the sometimes luminous screen.

When that relationship is established, whatever film provokes it, it precipitates a profound experience of vitality, emotion, and incomparable pleasure. That desire to identify with or differentiate oneself, but fundamentally to look in a mirror that reflects some part of one’s world, is the personal reason I chose to make films. The mass art of our time. Entering a theater with the lights already off and sharing the emotions of a film I’ve made that’s now making contact with the audience is my unique feeling, and if I had to define it, I’d say it’s the closest thing to happiness.

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