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La película prohibida

La mamada /// Rosendo Ruiz

La película prohibida
La mamada
(1)
Por Rosendo Ruiz

(1) Cedido gentilmente por Rosendo Ruiz.
Publicado originalmente en la revista CINÉFILO nº 14.

Interior, cine, noche. El Pelado, Gonzalo y Anita están sentados viendo una película. En la ella una coreana de nombre Kyunghee le hace una felatio al coreanito Mun-ho. La noche de Seúl está cubierta de nieve. La luminosidad fotográfica de la escena es increíble, casi parece una “noche americana”, sólo que bien hecha. Los créditos, símil jeroglíficos, comienzan a aparecer sobre el tramado de arpillera. Al subir las luces lentamente apreciamos de cual cineclub se trata. Los tres amigos se miran y comparten sonrisas cómplices que delatan que están de acuerdo con la genialidad del director Hong Sang-soo. El Pelado espera tener (sino la inventará) alguna diferencia sustancial en sus opiniones respecto de la película que le permita desplegar sus argumentos contreras que con tanta vehemencia le gusta defender. Los amigos se levantan y comienzan a caminar en fila hacia la salida.

Gonzalo: Pelado, ¡tenemos que encontrar amigas coreanas!

Pelado: Sí, pol favol. A partir de mañana vuelvo a caminar las tres eternas cuadras hasta el súper del chino ladri.

Gonzalo: Que bárbaro. Imaginate, te juntás con una amiga a estudiar, o te la encontrás en un bar, y le preguntás: ¿tenés ganas de hacerme una mamada?

Pelado: O bien ella te dice: ¿Querés que te la mame? Eso es apertura, sí, de una.

Los tres amigos llegan a la vereda, no sin antes haber saludado a unos cuantos cinéfilos, habitués del lugar, intercambiando adjetivos tales como: “sublime”, “genial”, “el más grande del momento”, etcétera.

Interior, bar, noche. El lugar es un modesto y austero bar de Nueva Córdoba. En la mesa del frente del salón a la derecha, la que da al palier del edifico del lado (como para poder fumar), están sentados los tres junto a Rodrigo y Lorena, pareja de amigos cinéfilos unos diez años mayores que ellos.

Rodrigo: Te juro que yo le decía al Charly, hace tres años ya, el primer año del curso: “Hong es el mejor director contemporáneo que tenemos”, y él me miraba cruzado y me decía: “es un mediocre más, grandes son Haneke, Godard y Apichatpong; Hong ni siquiera larga con estos tipos”. Y ahora lo ama, ahora Hong es “lo más”.

Pelado: Rodri: al papá Charly se le perdona todo.

Rodrigo: las pelotas, yo no le perdona nada.

Gonzalo: Volvamos a Hong, ¡por favor! Cada vez filma mejor el chabón, formalmente es increíble.

Pelado: Pero que mierda, el tipo envejeció, nunca más volvió a filmar como en Tale of Cinema, Woman is the future of man, o como en cualquiera de sus pelis anteriores.

Gonzalo: ¿Pero que me estás diciendo gordo pelotudo?

Pelado: escuchame culiado, en sus pelis no hay más sexo, se olvidó o “se cagó”, o sus actrices se volvieron famosas y ya no quieren estar más en pelotas, no sé.

Gonzalo lo mira y piensa, pero desde su borrachera (llevan ya diez porrones) no puede formular una respuesta clara. Anita está callada, sólo de vez en cuando dibuja algún gesto de aprobación o reproche sobre la charla de los chicos.

Rodrigo: Pero qué querés, que el tipo filme toda la vida lo mismo, las personas maduramos y cambiamos los intereses Pelado, por favor.

Pelado: Por favor qué, hay cosas que no deben cambiar. ¡Moza!… Porfa, me traés otra birra.

La moza, una hermosa morocha de curvas muy bien marcadas, le hace un gesto de que sí, que en seguida se la alcanza. Anita mira de reojo a la moza.

Lorena: Bueno, chicos, nosotros nos tenemos que ir, mañana madrugamos.

Pelado: Me encanta como decidís por los dos, Lorena.

Lorena: No Pelado, pasa que lo conozco a éste y no se anima a cortarles el mambo.

Pelado: Eh, Rodrigo, esto no puede ser. Ya no sos el mismo de antes.

Rodrigo: Y, no, no los soy, envejecí, eso está más que claro.

Lorena: Quedate si querés.

Rodrigo: No mi amor, es cierto que no quería cortarles el mambo, vamos.

Rodrigo y Lorena saludan. Gonzalo, mientras saluda a sus amigos, se queda mirando babosamente a la moza mientras ella deja sobre la mesa el maní y abre la botella de cerveza. La moza le devuelve a Gonzalo una leve y ambigua sonrisa, luego se va.

Gonzalo: Estoy convencido que el mundo sería mejor si pudiéramos, con total naturalidad, pedirle a una mina: “¿me harías una mamada?”.

Gonzalo sirve los tres vasos de cerveza y toma de un trago más de la mitad del suyo.

Pelado: Pero eso no va a suceder nunca, loco. Además, a las mujeres no les hace falta eso.

Gonzalo: ¿Qué estás diciendo?

Pelado: Porque no, boludo, está clarísimo. Una mujer el día que quiere dar una mamada, o recibirla, sólo tiene que salir a la calle a buscar un pelotudo como nosotros, así de simple es, Gonzalo.

Anita: Además amor, lo que realmente vos querés decir, es: “que lindo sería que yo pudiera recibir una mamada en cualquier momento y por cualquier mina sólo como un hecho de favor y placer”.

Gonzalo: ¿Y no es eso un hecho de placer? Por qué lo tenemos que cargar de tantas cosas. El mundo sería mucho mejor si el sexo pudiera ser tan fácil como pedir otra birra a la moza, y tomarla.

Anita lo mira seria sin contestarle.

Gonzalo: Me voy al baño, me va a explotar la vejiga.

Gonzalo se levanta y de inmediato, ya antes de comenzar a caminar, busca a la moza con la mirada hasta encontrarla. Luego se pierde entre la gente, camino al baño.

Pelado: Es muy culiado este Gonzalo, como me hace reír con sus argumentos.

Anita (mirando fijo al Pelado): Pelado, ¿te puedo dar un beso?

Pelado: ¿Cómo? ¿Pero qué estás diciendo Ana?

Anita se acerca al Pelado, él se queda paralizado, no puede ni siquiera pensar.

Anita: Es sólo un beso, nada más que un poco de placer.

Anita pone sus labios sobre los de Pelado y lo besa. El Pelado se deja llevar, luego la abraza con timidez y se dan largo beso de lenguas.

Gonzalo viene del baño. Anita y el Pelado toman cerveza en silencio. Gonzalo se sienta.

Gonzalo: Uh, como me duele la cabeza. Tomé demasiado y para colmo mañana me junto a las 11 con los chicos a editar.

Anita: ¿A las 11 y te quejás? Yo entro a las 9, vamos. O me voy yo, todo bien.

Pelado (levantándose rápido): Yo me voy también. Me tomo un taxi.

Gonzalo: Te llevo Pelado.

Pelado: No en serio, me voy en taxi.

Gonzalo: Pero si vamos a lo de la Anita y nos queda de camino, che borracho.

Pelado: No… yo me voy a lo de mi viejo hoy. Chau.

El Pelado saluda con una especie de beso en las mejillas a sus amigos (una especie, porque sólo les acerca la cara).

Gonzalo: Bueno, como quieras, pero esperá que hay que pagar.

Pelado: Pagá vos por favor y yo mañana te doy, no tengo ni un mango. Te juro que mañana te lo doy.

Gonzalo: Más vale que me lo devuelvas, che culiado.

El Pelado se va apurado.

Gonzalo (a Anita): voy a pagar a la barra.

Exterior, calle céntrica, noche. Gonzalo y Anita caminan por la vereda.

Gonzalo: Mejor tomate un taxi, tomá 30 pesos. Yo me voy a mi casa.

Anita: ¿Qué?

Gonzalo se aleja de ella.

Anita (sorprendida): ¿Qué te pasa? ¿Cómo me vas dejar acá sola?

Gonzalo se detiene casi a mitad de cuadra.

Gonzalo (gritando): Ahí viene un taxi, paralo.

Anita: Pero ¿qué te pasa? Decime.

Gonzalo (gritando): Nunca llegue hasta el baño…

Anita lo mira entendiendo todo.

Gonzalo: No sé quien sos.

Anita: Y vos estúpido: ¿quién sos?, sólo querías acercarte a la moza…

Gonzalo dobla en la esquina. Anita mira resignada al taxi alejarse, comienza a caminar por el medio de la calle a la espera de que otro aparezca.

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Woman is the future man (Yeojaneun namjaui miraeda, 2004) | Hong Sang-soo

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