Nuestra última película

Límites /// Jorge Sebastián Noro

Nuestra última película
Límites
Por Jorge Sebastián Noro

Así surgió. Inesperadamente. Ni bien entramos. Mi cabeza proyectó una línea imaginaria en el recinto. De noche, no había nadie, era todo nosotros. Teníamos todo para el disfrute.

Era un poco bruto esto, primario, desconocido. Esa maldita línea. Vos de un lado, yo del otro. Vos no te dabas cuenta, algo que yo no podía creer. Pero te veía tan feliz, tan contenta que respeté tu indiferencia. Entonces, llegué a la conclusión: lo incómodo no eras vos sino esa maldita línea.

¿Por qué? Pregunta mínima e indispensable que me hacía con diferentes tonos, asumiendo diferentes personalidades para ver si era yo el responsable de posicionar la barrera. Me molestó mucho, pero asumí que tenía que ser así. Lo que nos sucedía (si nos sucedía a los dos) era un hecho y había que atravesarlo. Como yo era el único consciente, todo mi cuerpo se puso en marcha, determinado por un laberinto donde los fantasmas (crueles, torturantes, represivos) eran híbridos entre vos y yo.

En el lugar se inició el relato. Era confuso, no iba cerrando nunca, las ideas no concluían. Pero a pesar de todo las imágenes y su forma tenían cierta complejidad atrapante, había un ritmo que me gustaba, era dinámica, iba y venía. Esto, lo que se veía, lo que devolvía la imagen me recordaba a nosotros que éramos fósiles de una relación que parecía no avanzar nunca hundida en los problemas internos de cada uno. Éramos muy problemáticos. Se dialogaba mucho. Pero no se decía nada importante. Me quemaba eso, me hacía aprovechar los intersticios en los que no me mirabas para tratar de relajarme y pasarla bien. Tratando de contenerme. Vos en cambio seguías el hilo de la narración: muy básico, muy vacío. Además, negabas la pantalla que estaba a nuestras espaldas, esas historias de cada uno, tan complejas que nos habían llevado a este punto, a estar juntos.

Pero estábamos juntos. ¿Estábamos? Mi pensamiento se repetía una y otra vez, tratando de autoconvencerse, de buscar el motivo del sí. No te gustaba la idea de conflicto, por eso era tu película ideal. Esquivabas cuando surgía algo, con silencio y lágrimas. Yo insistía con que aparecieran los cuestionamientos. Un poco egoísta lo mío, pero quería verte crecer.

¿Sabés que era esa línea? No quería crecer yo, no me animé a los cambios. Ya es tarde, ahora te recuerdo, aunque sin arrepentimientos.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tal vez también puedas leer.

Copyright © 2022 - GrupoKane

Salir de la versión móvil