Mi primera película
Los dibujos animados y la alimentación (o el peligro de incluir animales parlantes y sexys en las películas para niños)
Por Ayar Blasco
Desde que era pequeño mis padres adoptaron la costumbre de llevarme al cine, convirtiéndose en algo tan habitual que no tengo una noción clara de mi primera película. Por ello, al tratar de recordar mi primera experiencia en una sala de cine son varias las opciones que se me aparecen con las mismas probabilidades de convertirse en la candidata a obtener el primer puesto. Por lo tanto, lo que sigue a continuación es el intento inconexo de recuperar la sensación de esas varias ocasiones.
Antes de comenzar quiero aclarar que viví en Ecuador desde que tenía 11 meses de vida. Exactamente desde 1975 hasta 1983, cuando con el advenimiento de la democracia volvimos a Argentina. Así que mis primeras imágenes están asociadas a mi vivencia ecuatoriana.
Una de las primeras imágenes que me vienen corresponde a una película de animación japonesa, en una ocasión en la que mis viejos me habían llevado a un cine foro. ¿Qué es esto de cine foro? Que al término de la proyección todos los niños subíamos a opinar a través del micrófono, dirigiéndonos a todo el público presente. En la mencionada película —de la que se me hace imposible recordar el título— había una escena en que una bruja se moría y se transformaba en una suerte de esqueleto —o algo por el estilo—, imagen que me impactó de tal manera que al subir al escenario manifesté a viva voz “como la bruja no come se le salieron todos los huesos”, lo que de inmediato desató la risa generalizada seguida de los aplausos de la gente, que recuerdo bien, contemplaban la cómica situación desde sus butacas.
Sin solución de continuidad pasamos al siguiente recuerdo. Es algo relacionado con el espacio (el de las estrellas quiero decir); la sensación de sentir que entrar en la sala de cine era igual que entrar en una nave espacial… seguramente me habían llevado a ver La guerra de las galaxias o El Imperio Contraataca, de las que también, aunque mezcladas, me vienen algunas imágenes borrosas.
Y en plena Guerra Fría, calculo que a principios de los años ‘80 o un poco antes, tengo grabadas en mi cabeza algunas primeras impresiones de cine ruso para niños. Parece que en esa época también mis viejos me llevaban a un Festival Infantil de Cine Soviético o algo así.
Para finalizar, algo que tal vez sea lo más interesante de mencionar, es la película de Disney Los Aristogatos, donde recuerdo, me gustaba la gata, y a la noche me imaginaba que estaba con ella… Y sí, definitivamente algo realmente duro de aceptar hoy.
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Los Aristogatos (The Aristocats, 1970) | Wolfgang Reitherman

























