Mi primera película

Mi primera película, en plural /// Manuela Ledesma

Mi primera película
Mi primera película, en plural
Por Manuela Ledesma

¡Qué premisa ambiciosa! En primer lugar, porque debo volver atrás unos veinte años para recordar el momento en que me senté por primera vez, casi dos horas, frente a una pantalla para ver un largometraje. Menudo ejercicio. Yo no lo recuerdo. En segundo lugar, y un poco como consecuencia de mi falta de memoria, no creo haber tenido una primera película, sino varias primeras películas. Sí, varias primeras. Varias primeras películas que, en el momento en que llegaron, lo hicieron de una forma que resultaron transformadoras en mi vida personal. No es que hubo un cambio de actitud, no estuve una semana o dos haciendo trampas en mi casa después de haber visto Mi pobre angelito, ni tampoco decidí lookearme con medias altas por la rodilla, minifalda escocesa y camisa atada en la panza después de Ni idea, pero sí decidí teñirme el flequillo de rubio después de Las aventuras de Sebastian Cole. Pero ninguna de esas fueron mis primeras películas. Aunque ahora que pienso, y espero, mi primera-primera no tuvo un impacto perceptivo, pero no puedo dejar de nombrarla, ya que no la olvido: La bella durmiente.

Película de Disney, compañía que marcó mi generación. Todas las veces que íbamos al videoclub, alquilábamos esa película. No había dudas, era esa y ninguna otra. Tal vez La historia sin fin, pero no me la acuerdo de pe a pa como me acuerdo de La bella durmiente. Inclusive, creo que había una copia especial para nosotras, mis hermanas y yo. No lo recuerdo, si no fue así, no hubiera sido mala idea. De seguro gastamos la cinta.

Tacones lejanos fue mi siguiente primera película. Estaba enferma y mis viejos estaban de viaje. Vino mi abuela a cuidarme y queríamos alquilar películas. Yo alquilé Jem & The Hollograms y ella la de Pedro Almodóvar. Y como estaba enferma y es el momento en que a uno todos lo miman, mi abuela me dijo que podía verla con ella. Así que la vimos juntas. Y fue la primera película de adultos que vi. Seguramente me haya tapado los ojos en alguna escena no muy apta para niños (debía tener unos siete años). Hasta hoy recuerdo el momento en que Marisa Paredes está en prisión, de sus tacones, de Victoria Abril. Y hasta hace poco cuando volví a verla, caí en la cuenta de que lo único que me había quedado era lo estético y lo fascinante que tiene el mundo almodovariano, pues la trama ni la recordaba y desde aquel entonces Pedro Almodóvar es uno de mis directores predilectos.

Mi siguiente primera película fue Cenizas del Paraíso. Fue, no sólo mi siguiente primera película, sino mi siguiente película de adultos, y mi primera película argentina. Creo que este último hecho es el que hace que esta película esté dentro de mis primeras películas. Habiendo tenido, hasta ese entonces, un visionado de películas prácticamente extranjeras, haberla visto me abrió el panorama no sólo a nuevas películas sino a saber que acá también se hacían películas. Nunca me habían hablado del cine argentino, así que fue más que una mera sorpresa, fue una sorpresa cautivante, positiva, desde la historia, los personajes, todo. Pero lo más importante es que el hecho de hacer cine era algo que desde ese momento se tornó más posible que imposible, pues el cine, o las películas, para mí siempre fueron algo mágico, inclusive hoy.

Mi siguiente primera película, digamos que vino aparejado: Alta fidelidad y Réquiem para un sueño. En plena adolescencia, cada una marcó un costado mío inesperado, conocido pero inesperado. Alta fidelidad vino junto con otras miles de películas en la misma época y con la música como trasfondo: Empire records, Casi famosos, etc. Pero esta historia me conectó con mi lado más musical, más infantil, más romántico y más bobo. Digamos que tocó mi esencia, lo que a mí más me gusta. Rob Gordon era yo. Obviamente con más vida, más viejo, más conocimientos musicales, pero en su esencia infantil, preguntona, era yo. Y fue una de las pocas veces en la que me sentí un par del personaje principal. No sólo lo sentí, sino que lo sentí con gran orgullo. Y esta película sí que la vi más de cinco veces, y claro, a cada visionado iba entendiendo más sobre las nimiedades del diálogo, la parte musical de la película.

Todo lo contrario, sucedió con Réquiem para un sueño. En este caso, Aronofsky se posó sobre mi lado más vulnerable y más naíf. Todos hablaban de Trainspotting, pero no la había visto. En cambio, vi esta, en el cine y con mi novio de aquel entonces. Recuerdo haber salido de la función bastante perturbada. Gracias a Darren y las circunstancias que vivía por ese entonces, empecé a ver las cosas más sombríamente. Tal vez haya sido mi cable a tierra. No lo sé. Pero hoy pienso en esa película como en un ancla para mirar el vaso medio lleno.

Tarde pero seguro. Pulp Fiction vino en el momento que debía. Todos sus personajes vinieron como un balde de agua fría. Como si los hubiera esperado toda la vida sin saberlo. Inesperado pero esperado a la vez. Fue como encontrarme con algo que sabía que estaba, que existía, pero que no sabía cómo era. Inclusive recuerdo a la geométrica Mia Wallace acostada sobre un fondo rojo fumando un pucho mirando seductoramente desde la vitrina del videoclub y nunca pensé que me iba a encontrar con esto. Y acá aprendí sobre la perspectiva, sobre lo personal de cada uno.

El ladrón de orquídeas hizo renacer en mí el amor propio que había perdido. Suena un tanto cruel y fatalista. No es que estaba internada en el hospital por depresión sin salida. Pero realmente lo hizo. Fue como un empujón y una vuelta a la realidad. Todo lo que tengo para decir es que esta primera película lo es por haberme hecho renacer en el sentido más bello de la palabra.

Y, por último, hablemos de trabajo: Bajada de línea. Literalmente mi primera película corta, supliendo el rol de productora. Fue el primer cortometraje que filmé. Sin dudas, una experiencia que nunca voy a olvidar gracias al equipo y al momento.

Supongo que mi próxima primera película será alguna que filme, pero de todas maneras sigo esperando ampliar mis primeras películas… Y ahora que pienso, creo que este listado está influenciado por Rob Gordon. ¡Gracias Stephen!

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La historia sin fin (The Neverending Story, 1984) | Wolfgang Petersen

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