Nuestra última película
Nuestro último encuentro Caballero de la Noche
Por Alejandro Seba
—“Che, ¿vamos al cine? ¿Un evento más?”
Nunca es uno más, cuando un grupo de Nerds lo organiza y menos si es un programa cinéfilo. Todo indica que en la era de las comunicaciones cualquier intento de coordinar una salida entre quince amigos de las buenas aventuras es más sencillo.
Pero eso no siempre es así cuando algunos obsesivos prefieren las salas de Barrio Norte por el sonido, otros las de Munro por las dimensiones de la pantalla, algunos sólo pueden en horarios de la trasnoche y otros transitamos el año de nacimiento de nuestro primer hijo…
Ni hablar cuando a eso se suma la pregunta divisora de aguas: “¿Es con parejas o sólo chicos?”. Ahora súmenle a un fanático que solicita que la película en cuestión sea vista dentro de las 96 horas desde el estreno oficial en el país.
Después de varias idas, vueltas, e-mails, sms, whatsapps y hasta llamados telefónicos (aunque a algunos eso le suene a correo con sobre y cartero incluido), terminamos viendo Batman: El caballero de la noche asciende, unos doce amigos del grupo.
Por supuesto que en todo grupo de frikis existen las típicas rivalidades entre los seguidores de Marvel y los de DC. Y aunque Batman pertenezca a esta última productora, un fanático de superhéroes como Spider-man, Capitán América, Iron Man y otras creaciones de Marvel, no está dispuesto a dejar pasar un hecho en el que pueda salir airoso reafirmando que los personajes de DC no le llegan a los talones a sus preferidos.
Desde mi punto de vista cinéfilo y alejado de la versión en papel de estas historias, la zaga de Nolan me pareció de las mejores. Un Batman humanizado que, al igual que todos los que asumimos ser superhéroes a diario sin ponernos una máscara concreta, se topa con conflictos inmanejables en donde pareciera que existe la posibilidad de esquivarlos y que otro ocupe ese lugar. Sin embargo, Batman nos muestra que los problemas no se pueden esquivar y que es necesario atravesarlos, aunque podamos perder la vida en ello.
Desde que era muy niño me atrajeron los héroes sin poderes como Batman o
el Zorro. Superhombres sin más poder que su destreza física o mental. Símbolos del deseo de todo hombre: impartir la justicia que los que deberían muchas veces no logran o no quieren concretar. Muchas horas de mi niñez las pasé vestido con una capa y un antifaz. Y ya sea con una espada de madera o saltando desde pilares de no más de 50 centímetros, lograba vencer a mis oponentes imaginarios o al amigo que se animase a encarnar al Guasón o al Pingüino.
Pero uno se va haciendo adulto y nos enseñan que los superhéroes no existen. Nos convencen que es políticamente correcto aceptar que el largo brazo de la ley llega hasta los rincones más remotos. Sin embargo, todos sabemos que no es así… Pero ya es tarde. Prácticamente nadie guarda sus trajes de superhéroes. Usualmente nadie se animaría a defender a quienes no tienen defensores.
Christopher Nolan nos hace sentir durante algunas horas que es posible, que el mal no siempre triunfa. Que podemos salvar a nuestra ciudad (gótica) amenazada por políticos inescrupulosos, por demagogos que convencen a la gente con discursos vacíos, mientras traman la estocada final.
Un cinéfilo no solo disfruta de la historia bien contada, sino que se deleita con las brillantes actuaciones de magníficos actores. Babea con un sonido impactante y narrativamente bien utilizado. Sonríe cuando puede apreciar el buen montaje que para la mayoría pasa desapercibido. Se ilusiona con el excelente arte disperso en los fantásticos decorados o los envidiables vestuarios. Pero además se regocija cuando el héroe se muestra épico y grandioso como a él mismo le gustaría ser.
Ahora, en un grupo de fenómenos, aparatos, geeks, gamers, fanboys, cuasi otakus y fanáticos de otras cosas varias, no necesariamente todos son cinéfilos. Si a esto se le suma el goce que provoca la polémica generalizada que no desemboca en ninguna conclusión válida, se obtiene que toda aventura puede terminar en un cruce imprevisto de opiniones basadas en el conocimiento (y principalmente el desconocimiento) previo de cada uno de los especímenes.
Entonces, los fanáticos de los cómics se rasgan las vestiduras al ver que no se respeta al pie de la letra cada paso dado por su héroe. Que se introducen personajes incoherentes con la cronología que la historia original dicta. O con el pecado mortal de los guionistas al osar poner la personalidad de un personaje con el nombre de otro. Y ahí aprovechan los detractores para meter cizaña… “Esto con Iron Man no pasa”, “Batman se vendió al capitalismo”, etcétera, etcétera.
Infinitas charlas que deambulan por laberintos de espejos deformados, sin salida posible, pero con la pasión de quien pone su vida al defender cada comentario. Charlas que no encuentran felicidad al conseguir imponer un pensamiento, sino que provocan satisfacciones por solo transitarlas.
Es inmensamente agradecido por cualquier grupo de amigos, que entre sus integrantes haya uno o dos calentones. Seres que no puedan perder aún en la simple acción de tirar un bollo de papel al cesto. Uno que no acepte que otro lo desafíe sobre la profundidad de sus conocimientos sobre Robotech o aquel que sea notablemente más hábil que el resto, pero que la buena fortuna o una simple confabulación lo dejen afuera de un juego. Estos individuos son la sal de la vida y un festín, cuando no llegan a comprender que el resto del grupo arma complejas tramas para ponerlo a temperatura en unos pocos minutos.
Así terminó nuestra última película. Así será la próxima. Así se desarrolla cada uno de los eventos, espontáneos o planificados, de nuestro grupo. Con héroes y villanos temporales, que logran activar una sucesión de conflictos que llamen a mostrar las destrezas (siempre mentales y nunca físicas) de cada uno, en el rol que le toque actuar. La misma película se disparará en uno u otro momento y el placer por ver como se desempeña el otro justificará un asado, un campeonato de winnie, una partida de cartas, un torneo de karaoke o una aventura entre vampiros y hombres lobos.
Ahora, si la reunión es con parejas, la película es otra… Ahí los Nerds somos mucho más maduros, civilizados, respetuosos, serenos y pensantes, sobre cada tema importante que se tira sobre la mesa. Esos días simplemente somos Bruno Díaz o Clark Kent.
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Batman: El caballero de la noche asciende (The Dark Knight Rises, 2012) | Christopher Nolan

























