Aquella película contigo

Nunca me contaste cómo empezó todo /// Leonardo Zaffaroni

Aquella película contigo
Nunca me contaste cómo empezó todo
Por Leonardo Zaffaroni

— ¡Detalles! ¡Quiero detalles!

— Bueno, a ver… Que habíamos ido de casualidad juntos al Festival de Mar del Plata sabías, ¿no?

— Sí, que fuiste medio de colado porque Fede “había escuchado” (de prepo) una invitación y se sumó de una.

— Sí. La onda es que no fuimos por mucho tiempo, sólo por el fin de semana. Ellos ya estaban allá cuando nosotros llegamos el viernes por la noche, tarde. Tomamos unos Fernets y hablamos de levantarnos temprano para conseguir entradas, aunque todavía no sabíamos bien qué películas.

— OK. ¿Entonces?

— Sí, perdón. Cuestión que vimos que daban la última de Von Trier y todos dijimos “¡Vamos!”, incluso el yanqui amigo de ella (que al principio yo pensaba que tenían onda). Casi no sabíamos nada de la película, pero con ese título seguro no iba a ser una más. Después nos fue llegando el pasillo festivalero: “es fuerte”, “hay gente que se levantaba de la sala”, etcétera. Igual no íbamos a dejar de ir…

— ¿Esto fue el sábado entonces?

— Sí. Vimos algunas películas más durante el día, no muchas la verdad: teníamos pocos días y no queríamos dejar de pisar la arena. Así que nos fuimos un rato a la playa.

— ¿Pero ahí ya pasaba algo con ella? ¿Ya se tiraban onda?

— Para mí, no. O sea, ahora ella dice que por momentos se me re notaba, pero la verdad es que de parte de ella yo no veía nada.

— OK, ¿entonces pasó algo durante la proyección?

— ¿No querías detalles?

— Perdón…

— Bueno, sí. Llegó la noche y fuimos a ver la película. Arrancaba tipo doce y media ponele. Fuimos un rato antes. Los chicos se quedaron un toque afuera para fumar y ella y yo nos quedamos adentro, haciendo la fila para entrar. Ahí medio que fue la primera vez que pudimos hablar solos y tranquis. No mucho, pero quizás cosas que hasta ese momento no habíamos tenido el tiempo de conocer del otro. Proyectos de cada uno y cosas como esas… Y sí, medio que cada cosa que me enteraba me decía: “Ah, mira vos esta piba…”

— ¡Jajajaja!

— Después, en la fila se armó quilombo porque decían que nos tenían que cambiar de sala, entonces todos los que estaban primeros esperando desde las once de la noche se pusieron como locos cuando vieron que algunos piolas se adelantaban a la nueva sala. Finalmente volvimos a la primera y no pasó a mayores, excepto por unos tipos que tenían ganas de hacer quilombo y llamar la atención con puteadas. Y eso me vino al pelo, fue la excusa perfecta, porque con ella no paramos de sacarle el cuero a la gente de la fila.

— ¿Tonces?

— Volvieron los chicos y me hice el boludo. No sé cuanto se notó…

— Claro…

— Entramos.

— ¡Al fin…!

— ¿Qué querés? Pasaron muchas cosas…

— Dale, todo bien…

— Bueno, la película es un lime. O sea, te juro que son de esas cosas que ves y mientras que te están pegando fuerte, durante y después de la proyección, sentís que se te escaparon mil cosas, que no pasa por querer agarrarlas todas, sino por sentir que la película es gigante y para que no te supere tenés que verla muchas veces y estudiar casi. ¿La viste?

— No, pero pienso verla pronto.

— ¡Hacelo! Nos ubicamos. Estratégicamente yo fui a parar al lado de ella, no sea cosa que haya partes fuertes y se agarre del brazo de otro, ¿no? De hecho, hubo momentos, varios, que nos empezamos a mirar como diciendo “a la mierda, lo que estamos viendo”. Y eso estuvo muy bueno… Pasó algo muy raro, el público en la sala empezaba a hablar y era por pura catarsis, porque necesitaba hacer algo como respuesta a ese golpe que estaba recibiendo desde la pantalla. Nadie se quejaba obviamente, porque en algún punto, todos estábamos en la misma y entendíamos.

— Ah, es heavy la cosa…

— Sí. Bueno, en un momento el amigo de ella, el yanqui que te contaba antes, medio que le bajó la presión y salió disparado al baño. Nunca sabremos si la responsable fue la película o la comida mejicana que nos clavamos antes de la función. Cuestión que, en la mitad de la película, en un momento bastante copado —me acuerdo—, ella me mira y me dice algo así como si me copaba y lo acompañaba, porque ella no podía entrar al baño.

— ¿Y?

— Obviamente fui y me perdí la película como un duque.

— Dale… ¡Te vino re bien!

— Puede ser. Para colmo, nos fuimos de la película justo en una parte heavy en serio… Todo bien igual con el chabón. Se mojó un poco la cabeza y se le fue. La sala estaba repleta también y hacía un calor bárbaro.

— Película rara entonces…

— Sí, no te voy a contar mucho, pero para que te des una idea salimos del cine esa noche, tipo tres de la mañana, con toda la gente y terminamos decretando que ese iba a ser el “Día Internacional del Telo”.

— ¿Por?

— Porque ese día claramente nadie iba a coger.

— ¡Jajaja!

— Mirala y vas a entender por qué.

— Y entonces, ¿qué pasó?

— Esa noche volvimos al departamento y no tengo idea cómo, pero terminamos a los besos, con los otros dos durmiendo como si nada.

— ¡Cualquiera!

— Sí, pero así fue. No creo que la película haya sido motor indispensable del asunto, claramente se fueron dando varias cosas antes, pero algo de ese sacudón emocionante ayudó a que la cosa culminara bastante bien…

— Ya veo… ¡Qué loco! ¿Y volvieron a ver la peli juntos?

— ¿Sabés que no? Y mirá que lo dijimos muchas veces. Supongo que nunca encontramos el tiempo o la cabeza despejada todavía. Pero seguro va a ser flashero. Me pasa algo muy raro porque hay partes de la película que me hacen acordar a cosas geniales, pero hay otras que hacen que, por ejemplo, ya no pueda mirar del mismo modo el agua de un florero o un bosque de noche mientras voy en auto.

— ¿Por qué?

— ¡Mirá Anticristo! ¡Y si es acompañado mejor!

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Anticristo (Antichrist, 2009) | Lars von Trier

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