Paula Hernández – Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Las Siamesas (2020); Los sonámbulos (2019); Twelve Nails (Short, 2017); Un amor (2011); Lluvia (2008); Familia Lugones (2007); Eva (2003); Herencia (2001); entre otras.
(15 de noviembre de 2011 02:05) ¿Por qué filmo?
Cada vez que aparece esta pregunta, ¿Por qué filmo?, caigo en el laberinto interminable de respuestas que esa pregunta conlleva. Todas las respuestas son tan amplias como válidas, todas son genuinas y verdaderas desde la primera palabra que tipeo en una hoja en blanco. Pueden ser, al igual que las películas, ideas fallidas o no. Pueden gustar o ser rechazadas. Pueden también caer en la total indiferencia. Pero sé que las motivaciones por las cuales hago películas son siempre verdaderas.
También esta pregunta tan abierta, me hace pensar que tiene que haber algo más “trascendental”. Si es que lo hay, aún no lo encuentro. Pero sí identifico una motivación inicial que creo que atraviesa mi decisión de filmar. Me refiero a la acción y al deseo de mirar. Una curiosidad que reconozco en mí desde siempre, casi desde la infancia. Una curiosidad que se sostiene en ese mirar al mundo. Observar. Estar enfocando, perceptivo. Ser una especie de voyeur de la vida cotidiana, propia y/o ajena, de las maneras de vincularse, de la infinidad de comportamientos, o simplemente ser un observador de la nada…
Cualquiera de esos actos o muchos otros, se interpretan desde un punto de vista personal. Nadie observa lo mismo de la misma manera. Nada repercute de la misma forma en cada uno de nosotros.
A partir de ahí, puedo pensar que una inmensidad de preguntas, ideas, sentimientos y reflexiones que llevo conmigo se pueden expresar a través de esas imágenes que miro, sean verdaderas o simplemente disparadoras para la construcción de historias que me interesan, y que me permiten poner en juego mi imaginario.
Filmo, quizás, por todo eso. Es un acto íntimo y a su vez comunicacional.
En ese espejo de ida y vuelta con los otros, las películas quizás nos acercan un poco a nosotros. O como decían los hermanos Dardenne las películas nos dan la posibilidad de equivocarnos sobre nosotros mismos, de no reconocernos, de ser distintos. Y de percibir en la oscuridad de la proyección, nuestro otro lado, el que la luz del día no nos deja ver.
(September 30th 2011 10:07pm) Why do I make film?
Every time this question appears, I get caught in a labyrinth of answers. Every answer is as wide as valid and genuine, since the first word I write on an empty sheet of paper. They can be –as well as films– failed ideas or not. They can please the others or they can be rejected. They can also be ignored. But I know that my motivations for making a film are always true.
That huge question also makes me think that there must be something “transcendental”. If there is such thing, I still can’t find it. But I can find a first motivation that determines my decision of making a film: the action and the will of seeing; a curiosity I find in me since I was a child and that still persists. I’m some kind of every day’s voyeur; I observe the way people relate and the different behaviors.
From that point, I can think of lots of questions, ideas, feelings and reflections that I have can be expressed by the images I see and allow me to play my imaginary game.
Maybe I make films because of all those reasons, because it is an intimate act and at the same time, a communicational act.
In that game of giving and receiving from the others, films can help us to become closer to each other. Or as the Dardenne brothers said, films allow as failing, to not recognize ourselves, to be different; and also to discover in the darkness of the projection, our other half, the one that the light of the day can hide.

























