Mi primera película
Que la fuerza nos acompañe
Por Dieguillo Fernández
Vi dos “primeras películas”; y no estoy hablando del siempre añorado cine continuado de mi niñez. Y esas “dos primeras películas” no fueron simultáneas, ni consecutivas, pero mi cerebro, mi mente (mi alma bien podría decir) las ubicó como las “dos primeras películas” de mi vida.
La primera de “las dos primeras”, la vi junto a mi padre.
Navidad del año 1977. Capital Federal. Ir desde Villa Luro al Centro de la ciudad era un viaje a lo desconocido… En suuuuuuubteeeeeeee…
Av. Corrientes 1155. Cine Broadway. ¡Por primera vez en la Argentina una película con sonido surround! (sonido “sónsarraun” como le decían).
Mi padre, un joven químico aficionado a la tecnología sonora, me llevó hasta allí.
Yo, 6 años, ni sabía que iba a ver.
Olor a cine… a gran cine. Maní con chocolate + humedad de techos altos + perfume de todos los que se arreglaban para ir al cine del Centro + cortinados pesados de pana. Y mucha gente. Helado en el cine… helado envuelto, pero sin palito… nunca lo entendí.
Oscuridad total.
Y de pronto, ante mi desprevenida conciencia, John Williams me agarró de los tímpanos y me lanzó al espacio infinito de mi propia humanidad.
Star Wars se transformó en mi refugio, en mi lugar privado, en mi universo posible… Dejé de ser un nene de mamá.
La “segunda primera película” la vi solo.
No era el Centro de la Ciudad. Jonte y Lope de Vega. Año 1981. 9 años. Pizzería “El Fortín”. Cine “Lope de Vega”.
Once cuadras caminando solo. Llegar al cine cruzando las dos avenidas. Señores viejos en el hall, vistiendo trajes azules con vivos en dorado, siempre en talles distintos a su cuerpo. Butacas de cuerina roja. Mi dedo recorriendo una grieta, acariciando la goma espuma del relleno. Un chicle pegado debajo del apoyabrazos de madera. Un telón de carteles de publicidad barrial sobre el telón principal inmóvil.
Detrás de mí… Ruido metálico de argollas de cortinas corriéndose por los tirones de uno de los ancianos de saco azul con botones dorados.
Oscuridad total.
—“Luke I´m your father!” Me dijo mi padre.
Pero mi padre no estaba allí, ni yo me llamaba Luke… pero lo dijo… estoy seguro que me lo dijo.
Esa fue la confesión que más me sorprendió/conmovió/perturbó/desconcertó en toda mi vida de espectador. Comprendí por qué amaba a mi padre, pero a veces lo odiaba. Advertí a los 9 años que nada era como parece, que el bien y el mal pueden convivir, que somos ambiguos y contradictorios, y que el amor y el odio se parecen demasiado.
Cuando salí del cine el mundo se había corrido unos metros. Lope de Vega seguía siendo la misma avenida de barrio, y la pizza de “El Fortín” seguía siendo alta y aceitosa… pero yo… yo ya estaba en camino de ser un Caballero Jedi… Dejé de ser un nene de papá. Ese verano, un compañerito cordobés de la colonia me juró que la continuación de El Imperio Contraataca se llamaba “El Imperio refulmina”… pero yo no le creí.
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La guerra de las galaxias (Star Wars: Episode IV – A New Hope, 1977) | George Lucas
El imperio contraataca (Star Wars: Episode V – The Empire Strikes Back, 1980) | Irvin Kershner

























