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Mi primera película

Recuerdos de espinaca /// Jorge Leandro Colás

Mi primera película
Recuerdos de espinaca
Por Jorge Leandro Colás

¿Cuál fue la primera película que vi en una sala cinematográfica?

En un primer momento me entraron algunas dudas: E.T., Popeye, una versión bastante floja de El principito, una de los Súper Agentes

Pienso, dudo, descarto algunas opciones, finalmente estoy entre E.T. y Popeye. Voy a la computadora y recurro al Internet Movie Data Base, que me ayuda a dilucidar la cuestión: E.T. es del ‘82 y Popeye es del ‘80. Confirmado entonces: Popeye es la primera película que vi en una sala de cine.

Según Internet la película se estrenó en Estados Unidos en diciembre de 1980; deduzco entonces que yo la vi en el verano del ‘81, con cinco años recién cumplidos. Aquel verano estaba de vacaciones con mi madre en Capilla del Monte, ya que mi familia tenía —y tiene aún hoy— una casita cercana a las sierras.

Era la época de los Kalkitos, la trompetina, los Chocolatines Jack, los videojuegos.

Mi madre debió haber elegido la película, aunque supongo que era la única opción en la cartelera de aquel momento. Yo no recuerdo de niño haber sido muy fanático de los dibujitos animados de Popeye, el marino. Prefería por aquel entonces a Mazinger-Z, La Pantera Rosa o los muñecos de Odisea Burbujas.

Era de tarde, alrededor de las siete. Entramos al único cine de Capilla del Monte, el Cine Enrique Muiño. Yo no sabía en aquel entonces quien era este señor, y creo que me habían contado la historia de que era un actor muy famoso, que vivió en el lugar y que tenía un carácter podrido (mucho después lo conocí a partir de las películas de Lucas Demare como Su mejor alumno, El viejo Hucha o La guerra gaucha).

En el kiosco del cine debimos comprar una cajita de maní con chocolate, aquel de la cajita amarilla con letras rojas o azules, esos que había que cortar una solapa de cartón con la uña para que salgan los escurridizos maníes.

Recuerdo aún hoy algunas escenas de la película: Popeye en alta mar, el amor entre Popeye y Olivia, una fiesta con baile. La secuencia que recuerdo con mayor nitidez es una que sucedía a bordo de un barco, en el medio de un mar tormentoso, con lluvia, truenos y relámpagos. Una pelea supongo que con Brutus, corridas, un toque de violencia.

Esa noche, después del cine, me parece que fuimos a comer a una pizzería con amplios ventanales y paredes de color verde espinaca.

Los días siguientes —seguramente impactado por mi primera experiencia cinematográfica— recuerdo haber pasado varias tardes a la hora de la siesta, dibujando algunas escenas de la película, algo así como un story board pero a la inversa.

Es extraño que nunca más haya vuelto a ver la película, ni en ciclos, ni en televisión por cable. Muchos, pero muchos años después supe que aquella película era del director Robert Altman y que aquel Popeye de la infancia no era otro que Robin Williams, un actor que hoy me cuesta soportar.

Dentro de pocos días estaré en Capilla del Monte, en aquel Cine Enrique Muiño, rodando una escena de mi próxima película. Me gusta la idea. Será emocionante sentarme en una butaca, cerrar por un momento los ojos y recordar los fotogramas de aquel Popeye entrañable que con su pipa y su espinaca fue una parte importante de mi infancia.

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Popeye (1980) | Robert Altman

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