Mi primera película

Un plan perfecto /// Karina Ester

Mi primera película
Un plan perfecto
Por Karina Ester

Primera vez… Cine, película… Año…

Estaba segura, Santa Claus, la de 1985 con Dudley Moore, había sido mi primera entrada a un cine… La calle Lavalle, sol, muchas personas van y vienen por la peatonal de los cines. Mi madre, mi hermana, mi hermano menor, mi padre y yo. Una salida que me dejó una sensación bien triste, porque mi padre no entró al cine con nosotros y nunca fui al cine con él… Hace 21 años que ya no vive más aquí.

Un bajón de recuerdo para compartir… ¡pero no! Esta consigna me ha hecho revisar los recuerdos y así otorgarles un nuevo orden: hablando y recordando con Verónica, mi hermana, se movieron en mi cabeza las emociones y recupere ese momento feliz.

Mi primera vez fue Clemente y las hinchadas en el ex cine Metro de Cerrito. ¡Un descontrol de niños, saltando, cantando, gritando! Este especial momento de mi infancia sucedió en 1982. La cosa fue así:

El tío Miguel, “el mecánico de la familia”, estaba en plan de conquista. Entonces no tuvo mejor idea que sacar a pasear a sus sobrinos. De más está decir que nunca nos había llevado ni a la esquina, pero bueno, al parecer él estaba al tanto de la ternura que despiertan los niños y supuso que un tío que saca a pasear a sus sobrinitos siempre es una buena carta de presentación. Así que subió al auto a los cuatro que tenía a mano y nos llevó a buscar a su amiga. Ella, Liliana, tenía una hija, Paola, de la misma edad que mi hermana, así que entramos todos en confianza rápidamente.

La película no tenía nada nuevo para nosotros, pues estaba hecha con los mismos cortitos de hinchadas que pasaban por la televisión todos los días, todo el tiempo, y nosotros nos sabíamos todo de memoria. Tanto nos había pegado que cuando sonaba la canción del spot (“Llegan los cantitos y el humor / llegoooó Clemente / largue todo y venga volando / que está retumbando su televisor”) nos parábamos frente a la tele y jugábamos a adivinar: “¿Qué cantito es?”. El mismísimo Clemente, obra de Caloi, mutaba y se multiplicaba. Entonces llegaba la hinchada de Perú, la de Brasil, la de Alemania… Pero sin lugar a dudas la del único y solitario Hincha de Camerún fue el hit indiscutible: “burum, bum, bum / burum, bum, bum / yo soy el hincha de Camerún”. Así de simple, inocente y sencillo. ¡Un éxito!

El cine era una gran popular, una cancha de fútbol, lleno de hinchas bajitos que corrían, tiraban papelitos y cantaban como desaforados.

¡Una experiencia liberadora! El cine quedó “dado vuelta”. Y eso que en los cines no se vendían ni la mitad de cosas que ahora. Únicamente pasaba el chocolatinero; nada de nachos, pochoclos en balde y demás condimentos.

Por ese entonces se jugaba el Mundial de Fútbol en España, y con Clemente se imprimieron figuritas, álbumes, se editó un disco, salieron unos muñecos al estilo del Bombero Loco (un muñeco de plástico para tirar agua en carnaval), muñecos de felpa, los cortitos para televisión y esta película que recupero hoy del fondo de mis olvidos…

Al salir nos “premiaron” con varias golosinas, nosotros estábamos más que sorprendidos ante tanta generosidad… No, no era el Día del Niño… Sin saberlo éramos cómplices de un plan perfecto, porque mientras mis hermanos y yo charlábamos y jugábamos con la niña Paola, el tío Miguel se sonreía con nuestra futura tía Liliana.

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Clemente y sus hinchadas (1982) | Caloi

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