Mi primera película
Una película en blanco y negro
Por Anabella Speziale
Ya no lo recuerdo, creo que no puedo hacerlo… ¿Cuál habrá sido la primera película de mi vida? Desde lo más hondo un mundo de imágenes inconexas se van agolpando… tal vez las remiendo en su orden perfecto… tal vez las armo arbitrariamente… tal vez las invento según mis circunstancias… tal vez…
Sin duda, en algún momento de mi infancia me llevaron al cine. Pudo haber sido el cine Los Ángeles, el Argos o el Fantasy. Lo que es seguro es que desde aquel entonces quedé fascinada por esta pulsión que me invita a mirar, a espiar la vida de los personajes —reales o animados— en la pantalla. Y así expectante durante horas y horas frente a aquellas sombras fui armando mi propia historia. Condimentando de momentos extraordinarios cada instante. ¿Se podrá decir entonces que mi primera película es mi propia vida?
De todos modos, sí recuerdo aquella primera película que me marcó a fuego. Hasta entonces, para mi ir al cine era sólo ir a ver dibujos animados. Pero ese día, mi abuela me llevó a ver una película “para grandes”… me llené de misterio e intriga. Llegamos a un cine de Av. Corrientes. Entramos a una sala llena de gente. El chocolatinero nos vendió maní bañado en chocolate en una cajita amarilla y enseguida comenzó el ritual de la ceremonia. La publicidad, que estaba colgada en cartones gigantes al frente del escenario, se deslizó hacia lo alto; se corrió el telón rojo para ambos lados y la pantalla quedó al desnudo. Las luces se atenuaron lentamente y el proyector inundó la oscuridad recién lograda. Un león anunciaba que la historia estaba a punto de comenzar. Hasta allí, todo era lo mismo, todo era conocido…
Pero las imágenes que comenzaron a deslizarse frente a mis ojos… No eran los típicos dibujos animados a los que estaba acostumbrada a ver en el cine, sino imágenes que parecían muy viejas. Otras personas comenzaron a opinar sobre un tal Zelig mientras que una voz masculina, como la que aparecía en los documentales, aportaba cierto tipo de información. Todo era muy extraño para mí. ¿Cómo era que imágenes en blanco y negro se mezclaban con otras en color? ¿Cómo era que en el cine hablaban como en la televisión? No alcanzaba a entender los subtítulos, pues recién aprendía a leer y las letras se sucedían muy rápido. Mi abuela trató de ir contándome la historia pero se perdía en sus propias carcajadas que se unían a la risa consensuada por todo el público. Los formatos se me cruzaron y algo tocó un nervio dentro de mí. Yo me iba quedando fuera de lo que pasaba… hasta que decidí inventar una trama paralela. Así, construí mi propia historia de ese hombre que se parecía a todos y a ninguno al mismo tiempo. Lo transformé en mi propio personaje.
Así, el film pasó a ser una salvaje adaptación que me llenó de una sensación extraña. Tal vez, en aquella sala comenzó esta pasión por crear historias… Zelig fue ese disparador. Y aunque por muchos años no pude volver a ver la película por la fuerte impresión que me había causado, cuando hoy me reencuentro con sus imágenes se remueve en mí aquella sensación fantástica que me inspira a la creación.
Ya no recuerdo que inventé en aquel entonces, sin embrago, lo puedo volver a intentar.
//////////////////////
Zelig (1983) | Woody Allen